Un pueblo de Córdoba y
una ciudad de Perú comparten el mismo nombre de «La tierra de Jauja» de Lope de
Rueda
«En la tierra de Jauja hay
un río de miel y otro de leche, y entre río y río hay una fuente de mantequilla
y requesones, y caen en el río de la miel», es «un lugar en donde pagan a los
hombres por dormir», «una tierra en donde azotan a los hombres que se empeñan
en trabajar»... Estos y otros prodigios describen los bribones que engañan al
crédulo Mendrugo en el paso «La tierra de Jauja» que escribió Lope de Rueda en
1547.
En las fechas en que el
autor sevillano idea esta fábula teatral para «El Deleitoso» ya existían dos
localidades con el nombre de Jauja: el pequeño pueblo cordobés del partido
judicial de Lucena donde nació el famoso bandolero José María “El Tempranillo” y
la ciudad fundada por Pizarro en 1534, la primera capital del Virreinato del
Perú hasta la fundación de Lima. ¿En cuál se inspiraría Lope de Rueda?
«Detrás de esta fábula
está el rico valle de Jauja en el Perú», asegura José Luis García Remiro en su
libro «¿Qué queremos decir cuando decimos...?» (2001). La leyenda sobre este
país imaginario de la abundancia procede en su opinión de las primeras
relaciones de Pizarro sobre el valle de Xauxa conquistado en 1533 y las
descripciones que hicieron del lugar Francisco de Xerez (1534) o Cieza de León
(1553). «La imaginación popular identificó el nombre de este valle de Xauxa con
toda la supuesta riqueza del Perú, cuya leyenda áurea se difundió a partir del
fabuloso tesoro que Atahualpa entregó a Pizarro», explica.
«El paso titulado
"La tierra de Jauja" recogió y al mismo tiempo disparó la imaginación
popular sobre una tierra rebosante de leche, vino y miel, de árboles de cuyas
ramas penden lechones asados y donde está prohibido trabajar», continúa García
Remiro.
También Gregorio Doval
cree que las noticias que llegaban sobre el valle andino, con su clima benigno,
la fertilidad de su suelo y sus grandes reservas de metales preciosos, animaron
a Lope de Rueda en su fábula. «No es raro que la mezcla de las maravillas
inventadas por Rueda y por otros después de él y los relatos exagerados de los
que visitaban la ciudad andina, fijaran en el acervo proverbial y paremiológico
español el nombre de Jauja asociado a un paraíso de ensueño», señala en «Del
hecho al dicho».
Margarita Candón y
Elena Bonnet apuntan en «A buen entendedor...» cómo en Jauja existían minas de
plata con vetas a flor de tierra, semejantes a ríos de plata, y que debido a su
clima beneficioso para el reúma y otras enfermedades, el virrey Amat lo
convirtió en lugar de residencia alimentando aún más el mito.
La isla de Jauja
Jauja se convirtió en
un romance posterior en una isla donde no se trabaja y a quien así lo hace «le
dan doscientos azotes agrios», cuyos habitantes viven más de 300 años sin
hacerse viejos y mueren de risa, con murallas de bronce dorado, puertas de
diamantes y calles de ébanos y marfiles, mares y ríos de vino, montañas de
queso, valles de mermeladas, cuevas llenas de sedas y vestidos para las damas.
A «La isla de Jauja» podían ir caballeros y pobres hidalgos. «Diez navíos salen
juntos, de La Coruña este año», decía este impreso propagandístico para invitar
a enrolarse rumbo a América.
Para llegar a la Jauja
cordobesa que fundaron los árabes en el s. XII (jauja, en árabe significa
pasillo, pasadizo o portillo), basta con conducir por la A-3131. Situado a unos
30 kilómetros de Lucena, es un pequeño pueblo de casas blancas de unos 1.000
habitantes. Allí algunos de sus vecinos admiten que éste «no debió ser lugar de
abundancia si sus habitantes se metían a bandoleros». La Jauja de la abundancia
«hay que buscarla en Perú», señalan en la web www.jaujacordoba.es donde dan a conocer
la localidad. Así lo corrobora la Real Academia de la Lengua al señalar que el
término alude a «Jauja, valle del Perú, famoso por la riqueza de su
territorio».
La Municipalidad
Provincial de Jauja cree, sin embargo, que el origen de la leyenda se encuentra
precisamente en la pedanía cordobesa. Cuando Pizarro y su tropa se
establecieron durante una prolongada etapa en el valle de Jauja antes de marchar
hacia Cuzco, explica en su web, en este valle los incas habían acumulado
enormes cantidades de alimentos, vestimentas y riquezas varias que permitieron
a los españoles vivir holgadamente durante meses. Esta abundancia, subraya,
«fue probablemente lo que les hizo recordar a la española Jauja, en la cual,
según relata con exageración Lope de Rueda, las calles estaban empedradas con
piñones y por ellas corrían arroyos de leche y de miel. Así se asentó la
legendaria magnificencia del valle del Mantaro, y más en concreto del País de
Jauja».
Jauja, que habría
tomado el nombre en recuerdo y homenaje a la localidad cordobesa, se convirtió
en el destino de muchos residentes españoles que llegaban desde la capital o
incluso desde España para curarse de enfermedades respiratorias y tuberculosis
en su clima seco. Las riquezas que éstos llevaron reforzaron aún más la leyenda
que hizo popular la expresión «Esto es Jauja».
Fuente: ABC.es
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