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Jauja, donde pagan a los hombres por dormir, fustigan a los hombres que insisten en trabajar, los árboles son de tocino y sus hojas de pan de fino. Las calles están adoquinadas con yemas de huevo y lonjas de tocino, asadas y fritas...

31 de octubre de 2017

El aporte de un jaujino a la música criolla

La palabra criollo, en el Perú ha cambiado muchas veces de significado. Actualmente, para ser criollo se requiere antes que nada haber nacido en la costa y preferentemente en la capital, ser pícaro, trompeador, bebedor, excesivamente alegre, hasta el extremo de ser sinónimo de estafador.

Con estas condiciones el personaje que motiva el presente artículo no sería un criollo. Nacido en el distrito de Matahuasi, provincia de Jauja, en Junín, un 13 de octubre, del amor de Timoteo Inga Escobar y doña Benjamina Segovia, nació Carlos Inga Segovia.

Luego del Oncenio de Augusto B. Leguía vinieron épocas de gran agitación política y de fuerte represión contra el pueblo, causadas por la dictadura de Sánchez Cerro. Lo que obligó al padre de Carlos a enviarlo de la mano de su abuelita, hasta Lima. En esa época se escuchaba por la radio la voz de Carlos Gardel, despertando la afición por la música argentina, haciendo que Inga debutara con un tango en 1936 en Radio Internacional, situada en el callejón de Petateros –hoy Pasaje Olaya– dentro del programa “La escuela de Maruja Venegas”, compartiendo escenario con Lucy Smith –a quien le compuso un hermoso valse grabado por Los Cholos, en triste recuerdo a su fallecimiento– y Leonidas Collantes, dueño de una voz con tesitura de tenor.

Del barrio de Mercedarias, Barrios Altos, se mudó a Lince en 1939. Teniendo como vecinos a muchos cantantes famosos de la época, como Los Hermanos Govea, el dúo Costa y Monteverde y un joven trujillano llamado Luis Abanto Morales.

La amistad con este último se afianzó al integrar el conjunto denominado “Melodías Criollas” con Ramón Urizar en el piano y las guitarras de Mateo Lazo, Manuel Balta y Manuel Zavala, actuando en Radio Goycochea en 1941 –después de dos largos años de ensayo–, teniendo el honor de ser apadrinados por dos grandes: el piurano Francisco Reyes Pinglo y la moqueguana Amparo Baluarte Cornejo.

El “boom” de los auditorios de las Radios, era tal, que cada uno contaba con su propio marco musical y sus integrantes eran “exclusivos”. Es por esta razón que el conjunto llega a su fin, ya que sólo convocaban a solitas y dúos. Así Carlos y Luis conforman el Dúo Segovia-Morales, recorriendo Radio Victoria, América y Nacional. Poco tiempo después, a finales de la década de 1940 el gran Filomeno Ormeño los llamó a trabajar con él, viajando a Santiago de Chile para grabar 80 canciones para la RCA Víctor de ese país. En el viaje los acompañaron las hermanas Aída y Rosina Martorell. Allá se encontraron con Manuel “Chato” Raygada, con quien grabaron también.

Los contratos iban y venían, había que viajar hacia Argentina, pero su corazón ya le pertenecía a doña Josefina Parra Sánchez con quien se casa el 18 de mayo de 1947, quedándose en Lima a trabajar en una empresa constructora.

En 1952 decide formar el “Trío Lima” con José Arbulú y Guillermo Santos, trabajando para Radio San Cristóbal donde cada martes se rendía homenaje a un compositor criollo, entre los cuales estuvieron Felipe Pinglo Alva, representado por su hijo Felipe, Eduardo Márquez Talledo y Lorenzo Humberto Sotomayor.

Dentro de sus composiciones encontramos los valses “Pablo Casas Padilla”, “La Oración del Huérfano”, “Perú de mis amores”; los festejos “Tierra Limeña” y “La dulcera Tomasa”;y el tondero “Acurrucutú limeña”.

Carlos Inga representa para la canción costeña limeña uno de los pilares en la formación de los nuevos valores, por su ejemplo de artista solidario y honesto. Cantor, compositor y gran señor.
Fuente: Suplemento Variedades del Diario El Peruano.

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La música criolla en Jauja

Un grupo de amigos jaujinos acostumbraban a reunirse en la casa de José Martínez Martínez todos los viernes a partir de las 7 de la noche. La reunión tenía como objetivo practicar al son de guitarras y voces cantarinas, la música criolla y la música jaujina. En ese lugar reinaba la música en compañía de guitarras y canciones, ahí se intercambiaban bromas y poemas, ahí todo era fraternal y comprensión, jamás hubo una discusión, un mal entendido, ni mala voluntad.

Como pionero de la música criolla en Jauja, nace el primer conjunto musical llamado “Voces de América”. Tuvo como integrantes a José Cordero Martínez, primera guitarra; Alejandro Cortez, primera voz y a José Martínez Martínez, segunda guitarra y segunda voz.

Era el año de 1946, cuando el grupo “Los Morochucos”, estando en Buenos Aires, Argentina, pierden en don Luis Sifuentes, su primera voz. El director del grupo, don Augusto Ego Aguirre, decide que todos viajen al Perú, trayendo los despojos del finado Sifuentes. A poco tiempo, deciden resurgir al grupo y se informan que en Jauja existía un “trio” integrado por Alejandro Cortez, José Cordero y José Martínez. Como les faltaba una primera guitarra, llamaron a José Cordero Martínez, conformándose así, el segundo grupo de los Morochucos.

Después de una temporada exitosa en el Perú, por más de cuatro años, viajan a diversos países como Ecuador, Argentina, Bolivia y Chile. Al retornar a Jauja, le sucede como primera guitarra el también, ahora finado, guitarrista Oscar Avilés.

Sin descuidar su arte, desempeño cargos públicos de gran importancia concluyendo como alto funcionario del Banco de la Nación.

José Cordero Martínez era una persona muy asequible y de una fineza muy sutil, jamás se apartó de la música, animó con cariño sin igual los cumpleaños de todos los familiares, especialmente de su adorada madre. Fue además un gran jinete y como chalan participaba con gran prestancia al lado de su digno padre el Dr. Max Cordero en las fiestas tradicionales del Jala Pato en la plaza de Yauyos – Jauja, habiendo obtenido los primeros lugares en el arte ecuestre.

… Ha fallecido Max José Cordero Martínez, con su imaginaria guitarra entre los brazos, para seguir acariciando sus cuerdas para entonar temas como “El Huerto de mi amada”, “La Palizada”, “Hermelinda”, en la década de los años 50, cuando fue la primera guitarra de “Los Morochucos”… (Fragmento de “Mirador Xauxa", 1990).

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27 de septiembre de 2017

En un pedacito de cielo conocí a Mamallanchic Rosario

Era una mañana de invierno en Jauja, amaneció con el cielo nublado y el paisaje mojado por la lluvia de toda la noche. Yo, daba vueltas en la cama tratando de ganarle al desgano que tenía para levantarme, estaba bien abrigado y me daba pereza salir de la cama y encontrarme con el frío. Mire el reloj y al ver la hora se me fue todo el desgano y salté de la cama venciendo la flojera. Tenía que estar a las diez de la mañana en la Municipalidad de Molinos. Salí rápido del hotel y caminé por el jirón Grau rumbo al mercado, crucé la Plaza de Armas observando la iglesia y la municipalidad. Hace dos días había comido una rica “patasca” y quería volver a probarlo. Mientras desayunaba, pensaba como haría mi trabajo de instalar los equipos de telecomunicación. Había llegado hace tres días a Jauja y esta vez me había quedado en un hotel porque me acompañaba un compañero de trabajo. Con los días de estadía, mi amigo estaba encantado con el paisaje, con la comida, con las calles angostas, trazadas en forma ordenada y simétrica.

De regreso al hotel, mi compañero Benítez me esperaba despierto, pero aún en cama. Le dije:
-Me llamaron al cel y tengo que ir a la muni de Molinos para hacer un estudio de campo. Si deseas te quedas porque solo será para levantar información técnica.
-No, prefiero acompañarte y de paso conozco algo más de sus hermosos paisajes –me contestó Benítez.

Salimos del hotel y subimos a una mototaxi rumbo a la Alameda para tomar un colectivo a Molinos. Era la primera vez que Benítez viajaba por ese lugar y disfruto de las bellas campiñas de Huertas, la colina de Puyhuán y Molinos. Al llegar, nos dirigimos a la municipalidad, pero estaba cerrado. Caminamos por la pequeña plaza y entramos a una bodega para preguntar por el alcalde. Nos atendió una hermosa joven de ojos grandes que llamó mi atención, pensé que no solo los paisajes de Jauja son hermosos, sino también las mujeres jaujinas.
-El señor alcalde estuvo temprano por acá –nos dijo la mujer.
-¿Dónde es su casa? -pregunté.
La mujer salió a la calle y nos indicó la casa, y fuimos a buscarlo. El alcalde nos hizo ingresar a su casa y nos explicó que un señor Isidro nos atendería, porque él tenía que irse a la chacra.

Regresamos con él a la municipalidad pero aún estaba cerrado
-“Chiuchi”, ven –ordenó el alcalde a un niño que jugaba- corre a la chacra y avisa a don Isidro para que venga o envíe las llaves. Luego el alcalde se despidió de nosotros.
En unos minutos llego el señor Isidro y nos presentamos.
-Estarán sin comer, ya será la hora del almuerzo. Mejor les llevaré a donde puedan prepararles algo de comer –dijo Isidro.
Nos invitó a pasar a una tienda y mientras preparaba la comida, ordenó dos cervezas.
-Voy a invitarles unas cervecitas en gratitud de estar en mi tierra mientras esperamos que preparen su almuerzo. Será mejor que trabajen después de almorzar.

Bebimos las cervezas y almorzamos una sopa preparado a base de carne picado en trozos pequeños, fideos tipo corbatita, orégano y leche. Acompañaba en la mesa una fuente con papas “huayro” sancochadas, un pote de ají de rocoto con queso, preparado en un batán. Al final del almuerzo, Isidro nos invitó una copita de Crema de Muña, nos dijo que era para una buena digestión. Quedamos satisfechos con el almuerzo y encandilados de la forma como se vive y se come en Jauja. Por algo le dicen “Jauja”, le comente a Benítez mientras caminábamos a la municipalidad.

Subimos al techo y nos ubicamos al costado de la torre de treinta metros de altura para obtener la ubicación del local con un GPS, tenía que enlazar desde este lugar una señal de Internet en forma inalámbrica a una escuela que se encontraba a siete kilómetros de distancia. Al finalizar solicitamos que nos proporcione una movilidad para ir a la escuela y realizar el mismo proceso de medición. Consiguieron a Melquíades que tenía una motocicleta para ir al lugar.

Llegamos a las cinco y media de la tarde, quise apresurarme, pero encontramos cerrado la escuela, pensé que perdería tiempo si buscáramos al portero, empecé a medir con cálculos aproximados por el perímetro. Cuando termine, fui en busca de Melquíades para regresar a Molinos, pero él se disculpó y me dijo que no regresaría, al contrario, tenía que viajar a la altura, nos indicó donde era el paradero y nos fuimos a la carretera.

Pasaba el tiempo y empezaba a oscurecer, nos preocupamos y regresamos donde Melquíades para encontrar alguna solución. Nos dijo que solo podría llevarnos hasta cierto lugar donde si encontraríamos alguna movilidad que viene de Quero o de la altura.

Melquíades nos dejó en el cruce con la carretera principal. A lo lejos había unas viviendas precarias.
-Por acá pasan carros que bajan de la altura, esperen nomás. Mucho gusto en conocerles, me voy rapidito porque si no me agarra la noche.

Se despidió y se perdió por el camino, entre el polvo que levantaba la motocicleta y la oscuridad que cada vez se hacía más denso.

Dejamos los equipajes y nos sentamos en un tronco de árbol que yacía a un costado de la carretera. Benítez se puso sus guantes y se abrigó con su casaca. Yo llevaba una casaca térmica y no sentía mucho frío, mire alrededor y vi dos casitas a lo lejos, en una de ellas apenas podía ver una débil lucecita, la otra vivienda estaba oscura, el resto del lugar eran chacras, algunas sin sembrar.

Por momentos no había mucha comunicación entre nosotros, existía un silencio que era interrumpido por el sonido de las hojas de los eucaliptos que se movían por el viento. Yo tenía puesto la mirada al final de la carretera que venía de la altura esperando escuchar o ver algún automóvil. Ya había pasado media hora desde que llegamos al lugar y cada vez se sentía el frío, me animé a levantarme y caminar en pequeños círculos para mantenerme caliente.
-Hummm... no pasa nada -dijo Benítez.
-Ya vendrá alguna movilidad, Melquíades es de este lugar, por algo nos trajo hasta acá -le respondí.

Noté la preocupación de Benítez, pensé que si se había equivocado al decidir acompañarme y no haberse quedado en el hotel, ahora se encontraba en peor situación y en un lugar desolado, con frío, sin alimentos y sin tener la certeza de encontrar un lugar donde pasar la noche. Me mantuve sereno, no quise que Benítez se dé cuenta que estaba preocupado y sin saber qué hacer.

La noche cubrió totalmente el lugar, mire a los alrededores y solo podía observar siluetas oscuras del paisaje que contrastaba con la poca luz de la noche. A lo lejos solo veía la lucecita de la vivienda que por momentos se perdía. Pensé que sería la última opción de ir y pedir alojamiento o tratar de ingresar a la otra vivienda que parecía abandonada. Pero no sabía que personas encontraría, si serían amables o capaz desconfiados. Sería imposible pasar la noche a la intemperie o tratar de caminar hasta Jauja. Volví a sentarse.
-De saber qué esto pasaría, hubiera preferido quedarme en el hotel y salir a pasear por la ciudad -comentó Benítez.
-Sí, pero ya estamos acá y tenemos que salir de esto, seguro que ya no demora en venir un auto -le respondí.

Nuevamente el silencio nos invadió y la preocupación se apoderó de nuestros pensamientos. Baje la cabeza mirando al suelo y en completo silencio empecé a invocar a Dios para que nos ayudara. Recordé la conversación con el administrador del hotel sobre la fe que los jaujinos tienen en la Virgen del Rosario, cerré los ojos y junté mis manos para implorar en silencio.

-Virgencita, tú que tienes muchos devotos por tus milagros, tú que eres la patrona de estas tierras, bajo tu protección nos acogemos para que escuches mi súplica: Te pido por la necesidad que tenemos en este momento, ten compasión y aboga por nosotros para encontrar una salida y llegar a Jauja sin contratiempos y libre de cualquier peligro. Amén. -lentamente abrí mis ojos para volver a la realidad.

-¿No crees que debemos hacer o pensar en algo? No podemos seguir así. Capaz podemos ir caminando hasta un poblado más grande, ya pasó una hora más -reclamó Benítez.
-Sí, pero no conocemos muy bien el lugar y estamos lejos. Esperemos un poco más. No te preocupes que saldremos de esto -le respondí.

Benítez se levantó y empezó a caminar, recordó que tenía cigarros, encendió uno y me invito otro. Exhaló el humo hacia arriba y aprovechó para mirar el cielo jaujino que mostraba su hermosura, llena de estrellas luminosas. Parecían miles de luces de bengalas que se prenden en época de navidad, se quedó impresionado y olvidó por un momento lo que le sucedía.

Hasta que, un ruido de un arbusto cercano rompió el silencio y nos llamó la atención que volteamos raudamente. De la oscuridad emergió una silueta negra y lentamente se acercó hacia nosotros. Retrocedimos lentamente, atónitos y asustados sin tener explicación de lo que podría ser. Cuando la silueta estaba más cerca pudimos percatarnos que se trataba de una mujer, una anciana, que caminaba lentamente por los años que tenía. Ya más tranquilo pensé que hacia una mujer en este lugar y a esta hora, le salude cordialmente y le pregunte el motivo de su presencia.
-Voy a Jauja –me respondió la mujer.
La respuesta nos dio una tranquilidad, al saber que había otra persona que tenía intención de viajar.
-¿Y cuál es su nombre? –preguntó Benítez.
La mujer nos miró, se quedó en silencio como si tratara de recordar su nombre y respondió con un hablar pausado.
-Tantos años que vivo en estas tierras, me llaman de diferentes formas.
-¿Ya que eres de este lugar, todavía hay movilidad para Jauja? –volvió a preguntar Benítez, angustiado.
-No te preocupes joven, que de todas maneras llegaras a Jauja –le contestó dulcemente y con total seguridad.

Ayudamos a la anciana a sentarse en un tronco caído y le acompañe. De cerca y en silencio contemple su rostro. A pesar de sus años y sus arrugas, tenía una mirada angelical y celestial que irradiaba tranquilidad. Le pregunté de donde venía y que hacía en este lugar. Pero ante su silencio le expliqué que era jaujino, pero que venía desde Lima por trabajo, que mañana tenía que regresar y que me había encantado mi corta estadía en Jauja. La anciana me dijo que, ojalá, que con esta mala experiencia no me arrepentiría de lo que decía. Nos reímos.

Benítez seguía caminando tratando de controlar su paciencia, prendió otro cigarro y me hizo un gesto de invitación, acepté y me puse de pie. Mientras encendía el cigarro, Benítez me hizo recordar que ya era demasiado tarde y que estaba preocupado. Le di confianza y ánimos pidiéndole que espere un rato más.

En ese momento, la anciana, como si presagiara algo, trataba de ponerse de pie. Al darnos cuenta de su intento nos acercamos para ayudarla, la tomamos de cada brazo y la levantamos suavemente. Fue cuando escuchamos un ruido lejano de un motor y dimos vuelta buscando de donde venía. Nos percatamos que un automóvil se acercaba, nos alegramos y empezamos hacer señas para ser visto por el conductor. El automóvil venía lentamente y aprovechamos para recoger nuestros equipajes. Yo me percato que la anciana no se alegraba mucho, se había quedado quieta, serena, pero observándonos con una sonrisa, como cuando una madre observa a su hijo en silencio. Camine hacia la ventana del conductor y le comento la necesidad que tenemos de viajar a Jauja y si podía llevarnos. El chofer aceptó.

Benítez subió rápidamente los equipajes, yo abrí la puerta delantera para que la anciana pueda subir, pero ella se negó, me miro a los ojos y me dijo que se quedaría. No comprendía su decisión, si también había esperado mucho tiempo para luego desistir en viajar. Más bien la anciana me apuro a subir, yo insistía que también tenía que subir, pero me agarró de los brazos y con la poca fuerza que tenía intentaba subirme. En ese momento, no sé por qué, no tuve palabras ni voluntad, solo pude titubear y abordé el coche sin decir nada. La anciana cerró la puerta, se acercó a la ventana y nos dio una sonrisa maternal, nos dijo que nos cuidáramos mucho y que no nos olvidemos de la fe, que los prodigios si existen.

El automóvil partió lentamente y yo me di la vuelta para no perderla a la anciana. Observé que se regresaba y se perdía por el mismo lugar oscuro de donde había salido. Exploré visualmente y rápidamente el lugar y alrededores, todo era sombrío, no había indicio de alguna vivienda. Le pregunté al conductor si por ahí había viviendas y me dijo que todo era chacras. Le pregunté si conocía a la anciana y me dijo que era la primera vez que la veía en el lugar.

Me quedé pensativo, era muy extraño todo esto, salió de la nada, no pude saber su nombre, nos dio tranquilidad, nos hizo compañía, nos enseñó a tener fe, nos embarcó y al final, se regresó por donde había salido. Pero estaba agradecido con lo sucedido. Cerré los ojos y recordé que había invocado a Dios y a la Virgen del Rosario que nos protegiera y que no nos desampare. Abrí los ojos y miré por la ventana, solo veía el camino iluminado por la luz del automóvil. Ya tranquilo, me prometí que antes de viajar a Lima iría a la virgencita para agradecerla. Recosté mi cabeza en el asiento y me quede dormido.

Al día siguiente me levanté temprano, arreglé mi maleta porque viajaba a las once y media de la mañana, desperté a Benítez. Salimos para desayunar y en la recepción nos encontramos con el administrador, aproveche para preguntarle por la Virgen del Rosario y nos contó que fue donado por un Emperador y cuando era conducida de Lima al Cuzco por centenares de indios por el camino del inca y al pasar por Jauja se desencadenó una tempestad con granizos y truenos que duró más de 24 horas, inundando la ciudad. Al reanudarse la marcha, los indios no podían movilizar la carga porque pesaba demasiado. Al destapar encontraron una virgen y esto fue interpretado como una expresión de la virgencita de querer quedarse en Jauja. De este modo empezó el culto en el coloniaje, se dice que hacía ricos a sus devotos haciéndoles encontrar “tapados” de oro, a otros les salvaba de alguna enfermedad dotándoles de buena salud, haciéndolos incluso centenarios. Cuentan que el Libertador Bolívar, era su devoto, fue salvado milagrosamente de una caída fatal de su caballo y que el Mariscal Cáceres, también devoto, cuando estuvo en Jauja, muy de madrugada oró al pie de su altar invocando su protección y luego dar un golpe en la “Huaripampeada” que le significó la entrada a Lima y tomar el poder. Estos y muchos milagros más hicieron que tuviera devotos no solo de la clase pobre sino de la clase adinerada, quienes al morir, legaban extensas tierras, declarándola su heredera celestial. Actualmente los mayordomos celebran para el primer domingo de octubre el día patronal de Jauja, con juegos pirotécnicos que empiezan desde la víspera, con misas y procesiones multitudinarias por la Plaza de Armas acompañados de una banda de músicos y al toque de las campanas de la iglesia Matriz, luego de la procesión hay una pandilla general, así termina las festividades despidiéndose hasta el próximo año.

Benítez se quedó admirado con la historia. El administrador abrió un cajón de su escritorio, sacó una fotografía y me regaló. Era la Virgen del Rosario, y me dijo que siempre la llevara conmigo, que me iría bien. Agradecido por ese noble gesto le di un abrazo y salimos del hotel para desayunar, luego fuimos a la Iglesia. Cuando llegamos a su altar nos encontramos con un retablo barroco y al medio estaba la Virgen del Rosario de tamaño natural de una persona, era hermosa y su mirada me fue familiar, me hizo recordar inmediatamente a la mujer anciana, me invadió una emoción y no pude evitar derramar algunas lágrimas. Incliné la cabeza para rezar y agradecerle por haber escuchado mi plegaria. Prometí venerarla siempre y llevar su fotografía a todo lugar que mi trabajo me llevara. Me despedí agradecido.

Regresamos al hotel para recoger nuestras pertenencias y nos fuimos a la agencia para partir a Lima. Saliendo de Jauja observé la estatua grande e imponente de la Virgen del Rosario, no me había percatado cuando arribé porque era de madrugada y me encontraba durmiendo. Luego, cuando cruzábamos el río Mantaro por el Puente Stuart, Benítez dio media vuelta para ver la hermosa tierra que dejaba, solo estuvo cuatro días y por lo poco que conoció, se había quedado encantado. Yo, regresaba lleno de fe, porque en Jauja, en un “pedacito del cielo”, había encontrado un milagro. Prometí que volvería, pero no por trabajo, si no, en un mes de Octubre para participar en las festividades religiosas de la Virgen del Rosario.

Ya pasaron muchos octubres, mi devoción aumentó y actualmente soy hermano de la Archicofradía del Santo Rosario, en gratitud por todo lo que hace por mí.

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26 de septiembre de 2017

Historia de la llegada de la Virgen del Rosario a Jauja

Cuenta la historia, que la venerada imagen de la Virgen del Rosario fue obsequiada por el rey Carlos V de España a la comunidad religiosa de Santo Domingo del Cusco.

Llegada al puerto del Callao, la caja que contenía la Virgen fue cargada por unos indios, que ignoraban su contenido, y conducida con dirección a la ciudad imperial a través de uno de los caminos incaicos que pasaba por Jauja.

Después de una fatigosa marcha, llegaron a esta ciudad e hicieron un alto en ella para descansar. Cuando quisieron continuar la marcha, el cielo jaujino se cargó de gigantescos nubarrones y al rato menudearon rayos y truenos. Luego, se desató una terrible granizada y después un incontenible chaparrón que inundó casi toda la ciudad.

Pasado el terrible temporal, los cargadores de la caja que contenía la virgen decidieron reanudar la marcha hacia el Cusco, pero no pudieron hacerlo porque había adquirido un peso descomunal que les impedía alzarla. Una vez y otra vez intentaron vanamente moverla. Este hecho causó sorpresa entre los cargadores quienes, a pesar de su agresividad de la ruta, la habían transportado hasta allí sin ninguna dificultad.

Llevados por la curiosidad acordaron abrir la caja para ver su contenido. Al levantar la tapa, encontraron la efigie de una bellísima mujer con su hijo en uno de sus brazos: ¡Era la Virgen del Rosario! Los pobladores, al conocer esta situación, la interpretaron como un mensaje de la Virgen, que su voluntad era de quedarse en Jauja. Este acontecimiento avivó la fe católica jaujina y así, a exigencia del pueblo y la decisión de las autoridades eclesiástica, la Virgen del Rosario pasó a ocupar uno de los altares de la Iglesia matriz de Jauja.

Desde aquel entonces, los jaujinos organizan fiestas ya introducidas por los españoles, en honor de la Virgen del Rosario, católicamente proclamada Patrona de la “Muy Noble Ciudad de Jauja”.

A través del tiempo, muchos fueron los milagros de esta santísima imagen y sus devotos fueron aumentando día a día. Muchos de ellos, en agradecimiento a sus favores, le ofrecieron joyas de gran valor, bienes urbanos, fundos rústicos y chacras situados en pueblos aledaños, todo ellos donados testamentariamente.

Actualmente, en nuestra ciudad, la fiesta de la Virgen del Rosario, tan arraigada en el corazón de los jaujinos, se realiza todos los años el primer domingo de octubre (salvo excepciones) sin la fastuosidad de antes pero si con gran veneración.
Foto: Xauxa Tiempo y Camino

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21 de septiembre de 2017

Festividades de la Virgen del Rosario de Jauja – 2017

Se invita a participar en todos los actos que se celebraran con profunda Fe religiosa en honor a la Santísima Virgen del Rosario “Mamallanchic del Rosario”, Patrona de Jauja; que se inicia con las Misas de Novenas desde el miércoles 20 al jueves 28 de setiembre; y los días de Fiesta del viernes 29 (víspera) al lunes 02 de octubre del 2017.








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21 de agosto de 2017

Tunantada en el Barrio San Lorenzo - Jauja

Del 21 al 26 de agosto, el barrio de San Lorenzo de la provincia de Jauja, se viste de gala para celebrar a ritmo de tunantada, la festividad en honor al Señor Agonía de Limpias. Las orquestas con sus melodías tunanteras llenaran de música en cada rincón de la plaza, incluso más allá, cuando los vientos que bajan de las alturas llevaran las notas sentimentales hasta la ciudad de Jauja. Y los bailantes, dejaran de caminar para dibujar su arte con sus movimientos delicados, elegantes y lleno de sentimientos.

Historia:
La veneración al divino Señor Agonía de Limpias viene de los ancestros, aproximadamente al transcurrir la segunda década del siglo XIX, cuando campesinos y ganaderos marqueños, acostumbraban a trabajar de madrugada y vivían en sus chozas o haciendas en el cerro “Cruz Punta”, para salvaguardar a sus ganados de la lluvia y lodos intensos. Estas personas oían voces de un varón invisible que exclamaba: ¡Sáquenme de este lugar… o los castigaré…! El lugar era la quebrada del río Huashpi (entre el cerro Cruz Punta y Shinti) en el distrito de Marco, valle de Yanamarca, provincia de Jauja.

Y así llegó un 15 de diciembre de 1927, cuando pobladores marqueños se encontraban labrando piedras en el lugar denominado “Huashpi” para construir el puente “Rey Pacatán” en Champatambo, donde los comuneros don Teófilo y Agapito Carhuancho encontraron una pulida piedra de 1 metro por 1.50 metro. Inmediatamente acordaron partirla por la mitad, al voltearla con una barreta, advirtieron asombrados que en ella estaba grabada una cruz en bajo relieve, esto aconteció al medio día; dieron aviso a los demás trabajadores, quienes después de una breve asamblea informal, acordaron su traslado provisional a la capilla de “Cumu Cruz”. Más tarde se notició a los comuneros del Primer Cuartel, quienes acudieron con flores y ceras, demostrando su devoción.

Aprovechando de la fe popular, y en la imagen que se observaba en la cruz de piedra, de Jesús Crucificado, la Virgen y un Ángel, se resuelve pedir a Barcelona (España) una efigie del Señor de Limpia, la que hoy se venera con el nombre de “Señor de Agonía de Marco”.

Los hombres creyentes de nuestra religión, le atribuyen la hermandad de la trilogía de personajes milagrosos: “El Señor de Muruhuay” en Tarma, “El Señor de Ánimas de Paca” y el “Señor Agonía de Marco” en Jauja, se ha formado la conciencia religiosa y cristiana por las grandes virtudes y la fe de los creyentes, y en los meses de abril, mayo, junio, julio, es continuamente visitado por grupos organizados de peregrinos que al final concluyen con días de fiestas como homenaje al Señor de Agonía. Y en el mes de agosto, los cobarrianos de San Lorenzo efectúan el peregrinaje al santuario de Marco y luego, las instituciones tunanteras con sus cuadrillas realizan sus presentaciones en su plaza principal.

Bienvenidos sea la tunantada en el barrio de San Lorenzo, donde los tunanteros bailaran con garbo y sentimiento. Entre cullucaras y chuterías, dejaran sus lágrimas y felicidades. ¡Upiacushun, upiacushun!

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13 de agosto de 2017

La herranza, expresión tradicional en Masma - Jauja

A partir del 25 de Julio, se lleva a cabo la “Fiesta del Santiago” llamado también la herranza. Los ganaderos masminos celebraban con solemnidad el día del ganado vacuno, que apacentan en diferentes campos de pastura pertenecientes a otros pueblos, por ejemplo, en Curimarca, los ganados de Juan Mejico, en Macón de la familia Maita y en Tambillo - Huayllamarca de la mayoría de masminos.

Este festejo dura cuatro días. El primer día a las 3 de la madrugada un grupo de mujeres adolescentes con unas antorchas en sus manos hacen el rito del chic-chic, es decir, para levantarlos de sus camas a las familias e invitarlos a participar en un suculento desayuno: el chupe verde. El segundo día acompañado de su orquestina: un violín, una soprano, cantando canciones alusivas a la fecha y al compás de su "tinya" y de rato en rato la “huajla”. En las primeras horas de la mañana llevan a sus animales al campo de pastos y luego van visitando a los familiares invitándolos a participar y servirse el almuerzo, la infaltable patasca y otros platos genuinos del pueblo.

El principal día de alegría y regocijo al lado de sus ganados es el tercer día, esta es la fecha de poner las marcas en los toros y las vaquillonas. En este festejo hay un espectáculo representado por una cuadrilla de jóvenes llamados “los latadores” que son los encargados de enfrentarse a las bestias. Previamente ellos, toman su trago de aguardiente de caña y en pleno campo los corretean, hasta agarrarlos y llevarlos junto a sus dueños para derribarlos al suelo sin causarles daño alguno.

Cuando el animal ya está tendido, se llevan a cabo ritos mágicos que reviven creencias antiguas, por ejemplo, en su barriga se tiende hojas de coca, flores y fumando un cigarro van cantando y bailando a cuyo compás se marca con un fierro ardiente, en la parte posterior del anca, con las iniciales del nombre o apellido del propietario. Se aprovecha de estos instantes para colocarles sus aretes de cinta de colores a las hembras y sus corbatas a los machos.

El festejo se eleva a su clímax y en medio de felicidad y alborozo se sigue bailando hasta las últimas consecuencias. El cuarto día se lleva a cabo el rito de “la tapada de las señales” que consiste en enterrar en un lugar secreto los restos de las señales arrancadas de las orejas de los ganados, mezclando con coca, cigarrillos, aguardiente de caña y otros objetos, todo esto colocado en una olla de barro. Durante el desarrollo de esta costumbre de la tapada, los presentes cantan y lloran al son de la música que continua de una manera incansable.
Fuente: El legendario pueblo de Masma – Dr. Guillermo Solís Benito
Foto: Jhonny Norabuena

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8 de julio de 2017

Orquesta Kuyayky de Jauja en el “I Uyay Cultural en el Valle del Mantaro”

La Orquesta Sinfónica Infantil Kuyayky de Jauja estará presente en la clausura del “I Uyay Cultural en el Valle del Mantaro”, evento que se realizará el 08 de julio, en el auditorio del Instituto de la Juventud y Cultura de la Municipalidad Provincial de Huancayo, a partir de las 8.00 de la noche. El ingreso es libre.


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27 de junio de 2017

Conferencia: Viviendas, producción e historia de los xauxas

Este evento se desarrollará en el Salón Consistorial de la Municipalidad Provincial de Jauja. El 29 de junio de 9:30 a.m. a 11:30 a.m. La conferencia estará a cargo de la Dra. Christine Hastorf.

Durante las décadas de 1970 y 1980 un equipo de científicos de primer nivel constituyó el “Proyecto de Investigaciones Arqueológicas Alto Mantaro” (UMARP), encabezado por Timothy Earle, entonces profesor de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA). Dicho equipo, que tuvo como codirectores a Terence D’Altroy y Christine Hastorf, realizó distintas campañas de investigación arqueológica en el valle de Yanamarca, con la finalidad de estudiar la organización sociopolítica y económica de las sociedades que ocuparon dicho territorio durante una época conocida como periodo Intermedio Tardío (1000-1450 d.C.), en la que florecieron importantes asentamientos como Tunanmarca, Hatunmalca y Umpamalca. Asimismo, también se buscó conocer los cambios que estos grupos humanos –conocidos en las fuentes históricas tempranas como xauxas– habían experimentado a partir de su incorporación al Tahuantinsuyu.

La presente conferencia busca ofrecer al público asistente un resumen de las contribuciones más importantes que ha hecho el Proyecto UMARP al conocimiento de la historia prehispánica de Jauja, destacando la trascendencia que tiene su patrimonio arqueológico para la historia andina y mundial en general.

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23 de junio de 2017

Las fogatas en la noche de San Juan

Era la víspera de San Juan y toda mi familia se había preparado para quemar nuestro muñeco de paja y demás ropas viejas que no servían. Era de noche y hacia frío, mucho frío, pero le combatíamos con los ajetreos de los preparativos. Porque era toda una tradición que las familias jaujinas hicieran sus fogatas en la calle, frente a sus casas.

Mi mamá me dijo que me abrigara, que hacía mucho frío, pero no le hice caso. En eso, mi papá aprovecho para decirme que este frío no era nada, que antes si hacía mucho frio, que caía helada y malograba todo el sembrío.
-      -¿Tú sabes porqué hacemos fuego esta noche? –me pregunto mi papá.
- No -le respondí.
- Es una tradición antigua –empezó a contarme- Una vez, San Juan había hecho una apuesta con el sol y le dijo: Si yo me despierto primero, te quemo; y San Juan le respondió: Si yo me despierto primero, te hielo. Dice que San Juan se había despertado primero y cuando el sol se despertó, ya San Juan le había helado todo los campos y el sol ya no pudo quemarlo. Por eso, cada que viene el 24 de junio todos queman en representación del sol, para que no hiele los sembríos, como el trigo, la cebada. Porque todavía recién están en leche y por madurar.

Yo me quedé en silencio y sorprendido por su relato, él me dio una palmada y volvió a decir:
-       - Ahora si abrígate, no vaya ser que San Juan también te hiele.

Dio media vuelta y se marchó dejándome parado y pensativo hasta que nuevamente los gritos de mamá me volvió en sí. Debíamos sacar el muñeco de paja a la calle y prender nuestra fogata.

Afuera, ya había otras fogatas de los vecinos que los rodeaban para darse calor, algunos hasta con su propia música y unos “calientitos” para el frío. Prendimos la nuestra y empezamos a quemar el muñeco y las cosas viejas que ya no servía en casa y se podía quemar. Nos animamos a saltar la fogata y a escribir los deseos que nos solicitaban, Los deseos se escribían en una hoja pequeña de papel y se devolvía doblado para que no sea leído por nadie que no sea a quien se escribía el deseo. Luego tenía que leer sus deseos: “Te deseo que…”, y después arrojar el papelito al fuego para quede en secreto con la esperanza que se cumpla. Pero siempre los amigos preguntaban que te desearon.

Más tarde, nos encontrábamos con los amigos y recorríamos por todas las calles de Jauja, saltando las fogatas que encontrábamos y confraternizando con las amistades y haciendo un “caypincruz” en la fogata más alegre y concurrida. Saltábamos desafiando las llamas del fuego. Quien no tuvo algún percance al momento de saltar, un tropiezo o un mal salto, quedábamos en medio del fuego y salíamos corriendo algo chamuscado el cabello, las pestañas, hasta la ropa. También hacíamos bromas lanzando cohetecillos cuando alguien saltaba el fuego. Era de mucha alegría y derroche de energía la noche de San Juan.

Se podría decir que casi todas las calles de Jauja ardían, hasta parte de los cerros se encendían, combatiendo, como dijo mi papá, a la helada, producto del solsticio de invierno y así, Jauja amanecía.

Hermosa tradición de la fiesta de San Juan de nuestros antepasados, como siempre, sabios. Pero con el pasar del tiempo, muchas tradiciones se dejaron de practicar y ahora solo queda en el recuerdo y memoria de algunos de nosotros.

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19 de junio de 2017

Conversatorio “Érase una vez un escritor”

Muchos tenemos historias que contar, pero no sabemos cómo iniciar o quizás como terminar. Es por ello que la organización “Xauxa Tiempo y Camino” presenta el conversatorio "Érase una vez un escritor" con Hernán Migoya.

Hernán ha escrito “Plagio”, primera novela gráfica europea situada en el Perú. También es autor del ensayo "50 peruanas de bandera", co-guionista del biocómic "Señorita Laura" (Premio Luces 2015), el 2016 publicó su primera novela juvenil “El Hombre que era re-joven” y acaba de lanzar su nueva novela "La flor de la limeña" (Planeta Perú).

Los esperamos este 24 de junio a las 4 p.m. en el Auditorio de la Municipalidad Provincial de Jauja. INGRESO LIBRE.


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6 de junio de 2017

Gran celebración “Shawsha Kikillan”

En este evento "Shawsha Kikillan" que se traduce al español como “Identidad Shausha”, el Centro Cultural "Casa del Caminante" y la "Fundación Kuyayky" quieren revalorar el pasado cultural ancestral de los habitantes del Hatun Mayu de la época pre-hispánica. La celebración de este pasado milenario se llevará acabo el sábado 24 de junio y se convoca a todos los niños, jóvenes, adultos y ancianos que aman lo nuestro a participar en este acontecimiento.

ITINERARIO
8:30 am Concentración en la Plaza de Jauja.
9:00 am Peregrinación al Valle de Yanamarca.
10:00 am Ascenso al Ushnu.
11:00 am Qochi pakay (ofrenda a la tierra).
12:30 am Qalay (shaqteo).
1:00 pm Retorno a Jauja.
2:00 pm Shawsha Tinkunakuy (encuentro Shausha).
música, danza, watuchis, canto, cuentacuentos, historia.
4:30 pm Qalqapakuy (despedida con chicha).

Organizan: Fundación Kuyayky y Casa del Caminante
Inscripción: Gratis (saber contar, recitar, danzar)
Llevar: Refrigerio para compartir
Mayores Detalles: Llamar a 954 448 352 / 974136534 / 985457392

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13 de mayo de 2017

¡Feliz día madre jaujina! ¡Feliz día mamá!

Jauja, ciudad pequeña pero grande en historia. Donde llegó en sus inicios una virgen y decidió quedarse para siempre, para ser la madre celestial de todos los jaujinos y que ahora, con tanto amor, cuida a sus hijos. Nosotros que le tenemos tanta devoción, le veneramos y con dulzura le llamamos: “Mamallanchic Rosario” o “Mamita Rosario”. Jauja, ciudad donde la princesa inca, Inés Huaylas Yupanqui, se hizo madre al alumbrar a la primera mestiza del Perú, a Francisca Pizarro Yupanqui, hija de Don Francisco Pizarro.

Ciudad que encierra muchas historias familiares desde antaño, cuantas historias se pueden contar de muchos hogares, de muchas casonas de adobe, que capaz ahora las vemos casi vieja, producto del tiempo y por estar desoladas, pero que años atrás cobijaba una familia completa y relucía sus ambientes y paredes como una “moza” hermosa llena de juventud, bien cuidada y pintada.

Quien no podrá recordar el amanecer jaujino, cuando los trinos de los pajaritos rompían la tranquilidad. Muchas veces amanecía frio y a veces mojadas por el aguacero invernal, pero eso a veces no importaba, porque teníamos el calor de mamá, de papá y de los hermanos. Los fines de semana, cuando no se iba a clases, se podía dormir más tiempo hasta que mamá nos llamaba para tomar el desayuno, llegabas a la cocina para ayudar en algo, aunque mamá lo hacía casi todo, siempre nos encomendaba alguna tarea. Sentarse todos alrededor de la mesa y compartir una taza con cocoa caliente, a veces leche fresca u otra bebida, acompañado con los bollos calientes o con el pan de huevo, muchas veces solo era pan con soledad, otras veces con queso o mantequilla o cancha tostada. No teníamos lujo, ¿pero pobreza? tampoco, solo éramos felices, nunca faltaba comida. Y así era el almuerzo, el lonche y la cena.

Más tarde, se aprovechaba del sol que ya relucía caluroso en el cielo despejado para lavar la ropa y nuestros uniformes. El lavado era a mano, ayudado con una escobilla y con el jabón “Bolívar” o “Patito”, ese jabón artesanal de color casi negro que se vendía en las ferias de los miércoles y domingos. Y para la blancura, su “azul” añil para darle el “toque azulito” a la ropa blanca. Es que la mamá era estricta hasta con la mugre.

Como no recordar las ferias dominicales que se realizaban en la plaza de armas y en los jirones Junín, Grau y calles aledañas de la plaza. Nos llevaba para cargar la bolsa con los alimentos que compraba y de paso aprovechábamos para pedirle que nos compre alguna golosina que nos gustaba.

Así crecimos, así nos enseñó y aprendimos a forjar nuestros valores y morales, porque cuando se trataba de corregirnos, bastaba un grito o una mirada para ponernos tranquilo. Pero también, a veces era cómplice de nuestras travesuras, abogaba y nos protegía cuando papá quería castigarnos. Y después a solas, nos llamaba la atención con ternura y nos hacía prometer que no volveríamos hacerlo.

Por más que pasaron los años, ella, nunca deja de ser madre y nosotros, sus hijos. Aún de grandes, siempre están pendientes y hasta nos llaman la atención. Claro, ya no con la rigidez de antes y tampoco nuestras travesuras no son las inmaduras de antes.

Y en este día especial del Día de la Madre, como no volver a nuestra querida “madre tierra” y en especial, a encontrarnos con nuestra “madre querida”. La primera, la tierra que nos vio nacer y nos dio la identidad de ser jaujinos. La segunda, la mujer que nos dio la vida y forjo la persona que ahora somos.

Mi gran reconocimiento a todas las madres jaujinas, que desde antaño y hasta estos tiempos siguen luchando y saliendo adelante. Muchas veces solas con sus hijos, haciendo a la vez de padre y madre. Otras, siendo el apoyo de sus esposos para progresar como familia. Pero siempre cumpliendo un rol muy importante en el progreso general de Jauja. ¡Feliz Día Madres jaujinas!

Vuelvo a ti madre querida, para sentir tu abrazo, capaz con menos fuerza, pero sentir tu calor. Para mirarte en silencio y tratar de contar los años en tus arrugas y pelos blancos. Para contar el tiempo, cada vez menos, que hará que cuando se vaya terminando, me preguntes cuando partiré. Sé que no te gustaría que me vaya, pero dejaras tu sufrimiento en tu corazón y me dirás que debo partir a seguir con lo mío.

Después de festejar tu día y disfrutarte, yo partiré, con tristeza, pero con la promesa de volver pronto. Como ahora que regreso.

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3 de mayo de 2017

Porqué el mes de mayo es el mes de las cruces

Cuando llega el mes de las cosechas, mes de mayo, nuestros ancestrales celebraban el “inicio de un nuevo ciclo” que es instaurado por la constelación de la Cruz del Sur o Chakana. Su importancia es reverenciada por ser el guiador del hombre de los andes en las épocas agrícolas.

Una forma de agradecer a los ancestros era ir hasta los “centros astronómicos ceremoniales o huacas o ushnos, ubicados en la cima de las montañas, para ofrendar algún producto. Y es que las puntas de los cerros son chakanas, medio de transición entre el “aka pacha” (mundo real) y “hanan pacha” (mundo de arriba).

La devoción a la cruz católica se inicia con la llegada de los españoles en el año 1533, recordamos aún la primera cruz de la conquista que el dominico Vicente Valverde de Vallejeda llevo a Cajamarca en la captura del último inca. Esta cruz llego a Jauja y después de un alto en "Hatun sazwasqa Xauxa Tampu" fue llevado al Cuzco por Pedro de Candía, uno de los trece de la Isla del Gallo.

Los dominicos quedaron en el Valle del Mantaro con anuencia de Valverde y del Márquez Francisco Pizarro, después de la fundación española de Xauxa (Jauja) la Capital de la Nueva Gobernación de Castilla.

Tras la caída del imperio incaico, los misioneros optaron por utilizar esos espacios y ubicar un símbolo cristiano: la cruz. Ellos impusieron la creencia de que el 3 de mayo, fecha en que la constelación está en posición cenital, se festejaría el día en que se encontró la sagrada cruz de Cristo.

Esta labor se vio reflejada en la colocación masiva de cruces en la cima de los empinados cerros, pueblos y barrios, construyendo las capillas de "Tayta Cruz", "Tayta Cristo", etc.

Esta difusión ha quedado perennizada en la costumbre de los habitantes del Valle del Mantaro hasta hoy, en las fiestas de "Safa Casa", donde los padrinos colocan una cruz metálica en la parte más alta de la casa construida como testimonio de la evangelización. Así mismo en la entrada y salida de los pueblos se colocaron cruces para venerarla públicamente, o las populares "mesa de difuntos" que ofrendan alimento a los muertos, o las "mezadas" que ofrendan el pago a los Wamanis.

Es así que observar una cruz en la cima del cerro es sinónimo de la división de dos mundos. Ni bien llega mayo tiene que renovarse de energías; entonces, hay que llenarla de flores y más ofrendas para que pasee por los campos. Tiene que ser agasajada por todos, antes de retornar al cerro. Así el próximo año la cosecha será mejor.

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24 de abril de 2017

Feliz 483 Aniversario de Jauja, Primera Capital Histórica del Perú


El gobernador y su séquito llegaron al valle del Mantaro aproximadamente un mes después de haber partido de la antigua capital de los incas. Fueron recibidos por el tesorero Riquelme a quien Pizarro había dejado a la cabeza de la guarnición mientras se dirigía a Cusco. Para este encuentro, Manco Inca Yupanqui hizo organizar una gigantesca cacería en la que participaron varios miles de ojeadores indios y que impresionó mucho a los participantes españoles por su importancia, su organización y sus resultados.

Sin embargo, no era objetivo del gobernador dedicarse a semejantes placeres. Además, al parecer, de que esto no iba con su carácter, la situación general distaba mucho de permitirlo. El objetivo era fundar en Jauja una ciudad llamada a desempeñar un papel particularmente importante dentro del dispositivo del nuevo Perú colonial. En ese entonces solo se contaba en el país con tres asentamientos españoles, San Miguel de Piura, Cajamarca y Cusco, sobre una extensión de dos mil kilómetros a través de los Andes. A grosso modo equidistante de Cajamarca y Cusco, Jauja era una etapa esencial de este camino, el único conocido y utilizado entonces por los españoles. Menos descentrada por el sur y menos adentrada en la cordillera que Cusco, ocupaba además un lugar excepcional en el centro de un rico y grande valle longitudinal que hacía de ella un lugar agradable, por su altitud moderada, y lleno de perspectivas económicas alentadoras, por la riqueza de su agricultura y el número de sus habitantes, garantía de jugosas encomiendas. Un detalle de vocabulario dará una idea de ella: en castellano, Jauja, es un país imaginario donde se supone reina la felicidad, la prosperidad y la abundancia, por eso se dice la tierra de Jauja.

Finalmente, aunque situada en la cordillera, los contactos de la nueva ciudad con la costa eran relativamente fáciles. Existían ya caminos bien mantenidos. Éste era un punto esencial para el futuro. Tumbes, a donde llegaron los españoles, y Paita, el puerto de Piura, eran las únicas puertas de ingreso al Perú. El desarrollo de la conquista hacia el sur las alejaba ahora del probable futuro centro de gravedad de la colonia. Este nuevo equilibrio hacía necesaria la instalación de un puerto más central. Todo concurría pues a hacer de Jauja la piedra angular del dispositivo que los españoles, con algunos titubeos, se empeñaban en implementar.

Pizarro decidió entonces establecer ahí la capital. Seguramente se le ocurrió esta idea cuando vino por primera vez, pero apurado como estaba por ingresar en Cusco y por terminar con aquello en el plano militar, que se presentaba todavía muy incierto, no había tenido tiempo de dedicarse a ello. Esta vez, el gobernador lo hizo muy oficialmente algunos días después de su llegada, el 25 de abril de 1534. Por cierto, fue la primera ciudad verdaderamente creada por Pizarro en el Perú. Es verdad que existían San Miguel, Cajamarca y Cusco, pero en la primera en donde solo estuvieron de paso, el gobernador y sus hombres no tuvieron tiempo de establecerse. En cuanto a las otras dos ciudades, en vista de la urgencia, los españoles se instalaron por decirlo así en casa de los incas.

Por el contrario, Jauja fue fundada con todo el ceremonial a la usanza en semejante caso. Primero se dibujó una plaza grande en cuyo centro se erigió una picota, símbolo de la justicia del Rey a la que todo debía estar subordinado. En los costados se destinaron terrenos para la iglesia, el concejo municipal y la residencia del representante de la autoridad real, lugares de los tres poderes de la Colonia. De las cuatro esquinas de la plaza, en ángulo recto, partían calles que dibujaban un damero dentro del cual se atribuyeron solares, a unos cincuenta soldados que habían solicitado constituir el núcleo fundador de la ciudad, los pobladores. Se comprometieron, bajo pena de perder todas sus ventajas, en no dejar la nueva ciudad y en comenzar en un plazo razonable la construcción de sus futuras viviendas. A continuación, y hasta fines del siglo XVIII, la misma operación debía repetirse en la misma forma centenares de veces, puesto que los españoles concibieron siempre su penetración, y sobre todo su instalación colonial, a partir de núcleos urbanos desde donde irradiaban su poder, su religión y sus modos de vida, en una palabra su cultura.
Fuente: Francisco Pizarro – Bernard Lavallé

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12 de abril de 2017

ALLCA, el perro protector de Tayta Cáceres

Una tarde visité Paca, invitado por los comuneros que agasajaban a su diputado. Primeramente fui a la Iglesia a trabar conocimiento con el Crucificado milagroso, que salvara al entonces general Cáceres, cuando, prófugo, después de la derrota de Huamachuco, recorría los senderos ocultos de cabras y venados de la cordillera, cruzando a lo largo de ella por entre las guarniciones chilenas, que le buscaban con ahínco. Dirigíase a Ayacucho, en pos del regazo consolador de la ciudad materna.

Se tiene la idea en Paca de que el caminante que de pronto se ve seguido de un perro, tendrá feliz viaje y fácil arribo. Ya Cáceres, refiriéndome al feliz presagio que tuvo al acercarse a Jauja en aquellos días luctuosos. Hallábase extraviado entre las breñas, y de pronto le salió al paso un perrito blanco, haciéndole fiestas con la cola.

El héroe tuvo una corazonada: abandonó las riendas al caballo y éste marchó decididamente tras el perro. A menudo el amable animalillo volvía la cara como para ver si su protegido lo seguía.

Había momentos en que este animalito se adelantaba para husmear el camino y regresaba luego corriendo y alegre como para darle a entender que no había novedad, proporcionándole así este nuevo acompañante un gracioso entretenimiento durante toda la noche de su viaje.

Con el amanecer llegó a Jauja, en momentos que el “pongo” (sirviente) de la casa del cura Vianderas abría el portón de la calle; preguntó por él y le mandó a decir que ya estaba allí, esperándole.

Salió su amigo, muy sorprendido con su inesperada visita, y trató de inquirir la causa que le motivaba; le respondió que por el momento no podía suministrarle ningún dato, ni pormenores de ninguna clase; y que solamente deseaba le proporcionase una taza de té y una copa de coñac y cama, porque estaba rendido de sueño y cansancio, suplicándole que no le despertara hasta que le llamase, y que también atendiera a los jefes que le acompañaban, que luego llegarían.

Se acordó del canino compañero y encargó que lo buscaran; pero no lo encontraron, fueron infructuosas sus averiguaciones para obtener informes sobre su diminuto guía, que desapareció tan misteriosamente como habíase presentado.

Este episodio concuerda con la creencia Huanta, de que "ALLCA", el perro, es una divinidad bienhechora del hombre, vigilante y fiel por excelencia. Sin duda por eso hoy nunca falta uno de esos lanudos canes de los Andes en la choza del indio; y éste a menudo arriesga su vida para salvar la de su leal amigo.

¡El perrito blanco era “Allca”, protector del Héroe de las Breñas del Mantaro!

Fuente: gdp1879.blogspot.pe / Blog de Jonatán Saona

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11 de abril de 2017

El Otongo: Fiambre de nuestra “Tropa de Cáceres”

Marco es un distrito de Jauja ubicado en el valle de Yanamarca, de allí proviene el “otongo”, un potaje cuyo origen nos remite al escenario de la guerra contra Chile.

Los marqueños son conocidos como “otongos”. Algunos quizás intentan mofarse, pero los marqueños se sienten orgullosos, cuando se les dice “otongos”, porque razones les sobra, ya que el "otongo" es un plato histórico para los lugareños.

El apelativo nos transporta al escenario de la guerra contra Chile en la sierra central, donde los marqueños apoyaron a las tropas de Andrés Avelino Cáceres.

Cuando los chilenos avanzaban hacia el Norte del Valle del Mantaro, los marqueños salieron al frente a apoyar a las tropas caceristas, formando batallones improvisados al compás de las notas marciales de la Banda de Guerra, ejecutados por los mismos soldados en pie de guerra, y detrás de los soldados iban las mujeres "Rabonas" llevando en su “quipe” el fiambre o “rancho” para aplacar el hambre en determinado momento. Este rancho era el "otongo", la cancha y el queso.

¿Pero qué es el Otongo? Son bolas de harina de trigo del lugar, su peso es exactamente la cantidad de una masa que sirve al panadero para hacer un pan, preparado sin levadura en su mayoría, con poca agua y en olla de barro, en el intermedio o dentro de las bolitas de harina se coloca queso fresco, algunas veces miel, en otras ocasiones algarrobina, chancaca o también azúcar, se puede servir acompañado de chicharrones.

De lo dicho se desprende que es un plato histórico y típico de este lugar, que fue un aporte de los pobladores marqueños a la defensa de nuestra patria.

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