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Jauja, donde pagan a los hombres por dormir, fustigan a los hombres que insisten en trabajar, los árboles son de tocino y sus hojas de pan de fino. Las calles están adoquinadas con yemas de huevo y lonjas de tocino, asadas y fritas...

29 de septiembre de 2015

Alféreces 2015 de la festividad en Homenaje a la Virgen del Rosario

Primer día de Festividad
Víspera: viernes 2 octubre
Día de Fiesta: sábado 3 de octubre
Alférez: Iván Torres Acevedo, Alcalde de la Municipalidad Provincial de Jauja.

Segundo día de Festividad
Víspera: sábado 3 de octubre
Día de Fiesta: domingo 4 de octubre
Alférez: Zonia Bonilla Peña.

Tercer día de Festividad
Víspera: domingo 4 de octubre
Día de Fiesta: lunes 5 de octubre
Alféreces: Hermanos Verástegui Olivera.

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28 de septiembre de 2015

Homenaje a Edgardo Rivera Martínez

Nació en Jauja el 28 de setiembre de 1933. Hijo de Hildebrando y María; su infancia estuvo impregnada de amor familiar y fascinada por los paisajes e imágenes de la serranía peruana que serían fuente de inspiración para sus obras literarias futuras. Hizo sus estudios primarios en Nuestra Señora del Carmen de Jauja y los secundarios en el Colegio Nacional San José de Jauja; y sus estudios superiores en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos en la Facultad de Letras que cursó la especialidad de Literatura.

Catedrático universitario desde 1956, ganó una beca que lo llevó a estudiar en la Universidad de París (1957-1959) y en la Universidad de Perugia. Ostenta el grado de Doctor en Literatura (1960), a mérito de la Tesis doctoral sobre "El paisaje en la poesía de César Vallejo y Referencias al Perú en la literatura de viajes europea de los siglos XVI, XVII y XVIII".

Sus obras más importantes son "Ángel de Ocongate" -ganador del premio Cuento de mil palabras de la revista Caretas- y "País de Jauja" (1993), considerada como la mejor novela peruana de la década de los 90 y finalista en el Concurso Rómulo Gallegos de 1993. Además el libro de cuentos "Danzantes de la muerte y de la noche" (2006) entre otros.

Sus obras muestran la superación del indigenismo para una comprensión integral de la identidad peruana, si bien en muchos casos se inspiran en temas andinos. Transitan entre lo realista y lo fantástico y versan, varias veces, sobre personajes bastante instruidos. Con sensibilidad artística en el pueblo peruano.

Comenzó su trayectoria con un libro de cuentos ambientados en el mundo andino, El Unicornio (1963).

En 1977 publicó su novela corta El Visitante, y al año siguiente Azurita, con relatos de temática nuevamente andina. Enunciación, de 1979, reúne dos novelas cortas y un texto narrativo- poético en prosa, cuyo acontecer transcurre en una Lima de niebla y de misterios.

En 1981 se editó Historia de Cifar y de Camilo, y en 1986 Ángel de Ocongate y otros cuentos. En 1999, toda su narrativa corta fue reunida por Alfaguara en Cuentos Completos.

En el año 2000 es integrado como miembro de la Academia Peruana de la Legua, en mérito no solo a su producción ficcional, sino también por su trabajo de estudioso y crítico.

Su primera novela, País de Jauja, tuvo su primera edición en 1993, seguida por otras cuatro. Dicha novela, en una encuesta de la revista Debate, fue señalada por los críticos como la más importante de la década. Su segunda novela, Libro del amor y las profecías, obra de gran aliento, apareció en 1999. Ciudad de fuego, con tres novelas cortas, es de 2000. Le debemos también una serie de evocaciones de infancia, A la hora de la tarde y de los juegos (1996). Edgardo Rivera Martínez, formado en San Marcos, ha sido también por muchos años profesor de literatura en la Facultad de Letras.

Es autor de numerosos trabajos de investigación, particularmente sobre viajeros y literatura de viajes en el Perú. Es miembro de la Academia Peruana de la Lengua. Y ha ejercido también, en importantes medios escritos, el periodismo de opinión.

El Dr. Edgardo Rivera Martínez, radica en la ciudad de Lima.

Obras:
  • El unicornio (1963)
  • Imagen de Jauja (1543 - 1880) (1967)
  • El Visitante (1974)
  • Azurita (1978)
  • Enunciación (1978)
  • Hombres, paisajes, ciudades (1981)
  • Historia de Cifar y de Camilo (1981)
  • Ángel de Ocongate (Original) (1982)
  • Casa de Jauja (1985)
  • Ángel de Ocongate y otros cuentos (Versión extendida) (1986)
  • País de Jauja (1993)
  • A la hora de la tarde y de los juegos (1996)
  • Imagen y leyenda de Arequipa. Antología 1540-1990 (1996)
  • Antología de Trujillo (1998)
  • Libro del amor y las profecías (1999)
  • Ciudad de fuego (2000)
  • Antología de Lima. (Antología) 2 Tomos (2002)
  • Al andar de los caminos. Estampas de viaje (2003)
  • Estampas de ocio y de buen humor (2003)
  • Cuentos completos (2004)
  • Antología de Huamanga (2004)
  • Danzantes de la noche y de la muerte y otros relatos (2006)
  • Los balnearios de Lima. Antología: Miraflores, Barranco, Chorrillos (2006)
  • Una Azucena de luz y de colores (2006)
  • Historia de Cifar y de Camilo (2007)
  • Antología de la Amazonía del Perú 1539-1960 (2007)
  • Diario de Santa María (2008)
  • A la hora de la tarde y de los juegos (2008)
  • Cuentos del Ande y la neblina: (1964 - 2008) (2008)
  • La obra peruanista de Léonce Angrand (1834 - 1838, 1847) (2010)
  • El Perú en la literatura de viaje europea de los siglos XVI, XVII y XVIII (2011)
  • A la luz del Amanecer (2012)
  • Historia y leyenda de la tierra de Jauja (2012)

Fuente: Wikipedia

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Homenaje a Wenceslao Hinostroza Quintana

Nació en Paccha Miraflores el 28 de setiembre de 1897, curso sus primeros estudios en el Centro Escolar de Muquiyauyo, la secundaria en el Colegio San José y superior en la Escuela de Bellas Artes de donde egresa en 1926 con el primer puesto, con una medalla de Oro y Diploma de Honor, por su obra “La Feria”. Tuvo como maestros a Daniel Hernández en pintura y a Manuel Piqueras en escultura.

Fue alumno fundador de la Escuela de Bellas Artes de Lima en 1919 y realizó estudios de Maestría por espacio de siete años en la misma escuela hasta 1934.

Tiene realizadas más de 82 Exposiciones de Pintura en el Perú y en el extranjero, obteniendo muchos premios, entre los que destacan: Sevilla (España 1929 - 1930) “Cosechando”; en el Concurso de Pintura Iberoamérica, tercer puesto y medalla de Bronce en 1930; en el concurso mundial en Los Ángeles (California), cuarto puesto y medalla de Honor en 1927; en Viña del Mar (Chile), Diploma y medalla con el cuadro “Calleja” en 1946. Realizó la Documentación Plástica – Arquitectónica de “Los Balcones de Lima”, pintados y dibujados en 92 lienzos donde se muestra la Lima Colonial.

En Jauja ha realizado “La Fuente de la Medicina Peruana” en el antiguo Hospital Lourdes, el mural “Wanka – Xauxa” en el colegio Ex – 501(destruido), el monumento del Águila y sus Arcos en la Plaza La Libertad.

Falleció en la ciudad de Lima el 01 de Abril de 1978.

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25 de septiembre de 2015

Exposición "Entre Tejados y Balcones" de Jauja

Exposición sobre arquitectura jaujina "Entre Tejados y Balcones" de la artista Rossmery Quispe "Burbuja" que se realizará a partir del miércoles 30 de setiembre en el Casino Municipal de Jauja.



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Actividades Culturales en Honor a la Virgen del Rosario y Chapetona


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22 de septiembre de 2015

I Festival Nacional de Poesía Vivencial Muqui – Jauja

Los días 24 y 25 de setiembre, dentro de las festividades de la Virgen de las Mercedes, patrona del distrito de Muqui, se realizará el I Festival Nacional de Poesía Vivencial con la participación de poetas procedentes de diversas regiones del Perú.


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17 de septiembre de 2015

Homenaje a Don Miguelito Martínez Saravia

Don Miguel Martínez Saravia nació en la ciudad de Jauja el 28 de enero de 1919, efectuó sus estudios primarios en el colegio Hermanos Maristas que durante la década de los años treinta funcionó en la novena cuadra del jirón Ayacucho de nuestra ciudad. Por su brillante calidad de alumno en el nivel primario, el Hermano Antonio, Director del mencionado plantel, le otorgó una beca para que prosiguiera sus estudios  secundarios en el colegio de los Hermanos Maristas de Barranco, de la ciudad de Lima, donde se ganó rápidamente el aprecio y respeto de sus compañeros de estudios, muchos de los cuales destacaron posteriormente a nivel nacional.

Miguel Martínez era un alumno modesto, estudioso, lector impenitente, culto excelente amigo y que tenía asegurado un brillante porvenir como intelectual. No obstante él decide afincarse en Jauja e ingresa a trabajar en la Secretaría del Colegio Nacional San José en 1941. En los años siguientes, como profesor en el mismo plantel, asumió el dictado de las asignaturas de Castellano, Literatura y también de Historia Universal e Ingles, actividad docente que desempeñó con singular solvencia hasta 1983 en que llegó a ocupar, merecidamente, el cargo de Director de Estudios hasta fines de 1984 en que pasó a cese, después de 43 años de servicios oficiales prestados a la juventud jaujina. Miguel Martínez entendió la docencia como formación y transmisión viva, en las que importaba, sobre todo, una afectiva comunicación humana, así como el buen ejemplo. Se comprometió tanto en la docencia que se sobrepaso con exceso el tiempo en que, de acuerdo a su derecho, pudo haber cesado. Hombre de vasta cultura general, leía correctamente en ingles, francés y alemán.

Su amor por el paisaje de Jauja fue conocido por todos y era incansable excursionista por los diversos parajes del valle y de los cerros colindantes. Esta actividad, que desplegó con sorprendente vigor y entusiasmo hasta los últimos años de su existencia, le permitió constituirse en uno de los pocos  jaujinos que mejor conoció su tierra y la variedad de paisajes que ella ofrece. Sus dotes de acucioso observador y su gran capacidad de síntesis las puso de manifiesto en los artículos que escribió posteriormente que intitulo “Por nuestros árboles” en el que, además nos deleita con la galanura de su prosa.

Como manifestación de su amor por nuestra tierra fue autor del trabajo bibliográfico titulado “Jauja” que se publico en la serie Bibliografías Regionales Peruanas, del Instituto Raúl Porras, de la universidad de San Marcos, en 1973.

Además, publicó dos estudios sobre la fiesta del 20 de enero. El primero fue presentado al III Congreso del Hombre y la Cultura Andina, y se publicó en el tomo III de las Actas y Memorias de ese certamen. En este artículo se arroja una luz sobre los orígenes de la festividad en Jauja. El segundo apareció en la revista “Visión Xauxa”, también sobre esta fiesta.

Otra faceta de su vida, fue la entrañable amistad que mantuvo con Don Pedro S. Monge Córdova, egregio profesor jaujino-josefino, quien próximo a morir legó a su dilecto amigo, por escritura pública y en propiedad, alrededor de 2800 libros, más revistas y mobiliario que formaban parte su biblioteca, para que él dispusiera de ellos como creyera conveniente. Empero, don Miguel Martínez con el desprendimiento que le era proverbial y su amor a la cultura, transfirió la totalidad de estos libros, revistas y enseres a la Municipalidad Provincial de Jauja, a través de un convenio que consistió en que la Municipalidad publicara, a cambio, en forma de dos libros, la recopilación de cuentos mágico realistas efectuadas por el profesor Monge durante sus años como docente en el colegio San José, convenio que suscribió con el alcalde de entonces, Dr. Diego Gutiérrez Orihuela, durante cuya gestión se publico el primer volumen, en tanto que el segundo apareció durante la gestión del alcalde Dr. Luis Balvín Martínez.

Don Miguel Martínez, falleció en la ciudad de Lima el 17 de setiembre de 1994, a los 75 años de edad. Su muerte fue el colofón de una vida plena. Sus restos fueron incinerados y tres meses después, el 17 de diciembre, sus cenizas fueron esparcidas, a petición suya, en las alturas del distrito de Yauli, en el paraje denominado Paclla Cancha, situado al noreste de nuestra ciudad, aproximadamente a 4200 msnm, lugar que amo con predilección por la elocuencia de su silencio y porque constituye una excelente atalaya del valle de Jauja... ¡Eternamente Don Miguelito Martínez!
Fuente: Hijos de Hatun Xuxa

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Noche cultural "Tayta andino"


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16 de septiembre de 2015

Tránsitos y márgenes. Una mirada contemporánea desde Junín

Exposición fotográfica: “Tránsitos y márgenes. Una mirada contemporánea desde Junín”; desde el 24 de setiembre al 24 de octubre y, el 25 viernes, se invita a participar del conversatorio: "Sebastián Rodríguez y nuestro tiempo, indagaciones sobre la actualidad de un fotógrafo del Siglo XX".

Lugar: Local del ICPNA, sito en el Jr. Guido 754.


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4 de septiembre de 2015

EL PANZULI

Al Panzuli, mi hermano:
Como regresar a ese lugar si ya no te volveré a ver.
A veces prefiero quedarme y recordar tu mirada alegre y tu sonrisa triste.
…Porque ya nada es igual, tú lo sabes.

Es una década de diferencia de edad entre mi hermano y yo. Estaba acostumbrado a ser el único varón de la familia, hasta que nació un diciembre. Fue una alegría saber que alguien se te parece cada vez que crece, capaz porque cada día asimilaba nuestras costumbres. Aprendió de nosotros sus primeras palabras, sus primeros pasos, sus primeras alegrías; porque no, sus primeras tristezas. A cambio, él me enseñó a descubrir la ternura de su mirada, la calidez de sus caricias y el sosiego que irradiaba mientras le veía dormir, y claro, el desgaste físico que me ocasionaba cuando le hacía jugar esperando que se agote su enorme energía.

En cada descubrimiento que hacia conquistaba su propio espacio en nuestro hogar y en nuestros corazones. Poco a poco nos fuimos acostumbrando y comprendiéndonos. Nuestra diferencia de edad no fue ningún obstáculo, porque simplemente somos hermanos. Crecimos rápido, parece ayer cuando recuerdo esos momentos, es que tuvimos una buena infancia para que el tiempo pasara rápido y no sea larga como cuando uno tiene problemas y el tiempo se hace eterno. Como en toda familia, tuvimos nuestros problemas y alegrías, pero superamos los malos momentos porque siempre existía una buena relación y comprensión entre todos nosotros. Como muchos no habremos tenido los mejores juguetes, solo lo necesario, pero lo hermoso fue que vivimos en una casa con un patio grande donde jugábamos a la “guerrita”, un patio que nos permitía hacer volar nuestra imaginación, a veces nos íbamos a jugar a los columpios del barrio La Samaritana o al cerro que se encuentra más arriba; otras veces preferíamos ir al río Yacus a bañarnos o simplemente salir a jugar un partido de fulbito en nuestra callecita del jirón Bolognesi con los amigos de la cuadra. De día, de noche, con lluvia, con un día soleado, dentro o fuera de casa, siempre había motivos para encontrar una forma de diversión.

Como hermanos compartimos muchas cosas, pero a medida que crecía ya se independizaba, conquistaba su propio espacio, el lugar donde dormía, donde estudiaba, hasta un lugar en la mesa del comedor. También aumentaba más su apetito por la comida y muchas veces había una disputa por el último plato que sobraba, como siempre yo acostumbraba a repetir un plato más de lo que preparaba mi mamá, era difícil evitar su deliciosa sazón jaujino, pero como mi hermano crecía, también asimilaba la costumbre de “yaparse”. Nuestra mamá se veía en una situación difícil y tenía que compartir el último plato entre los dos, a veces me servía más, no por preferencia sino porque era más grande y eso molestaba a mi hermano.

-Tú comes mucho -me dijo un día- mira tu barriga, pareces un panzón.

Tenía los ojos marcados por la rabia que sentía, hizo un breve silencio y luego me dijo a manera de mofa:
- ¡Tú eres un panzuli! -en alusión a mi barriga.

Me quede sorprendido, nunca había escuchado esa palabra, él también se sorprendió. Nos reímos muchísimo celebrando su creatividad infantil porque nos pareció muy gracioso.

Desde ese momento cambio nuestra manera de tratarnos y de conversar, cada vez que nos encontrábamos nos saludábamos con un ¡Hola Panzuli! acompañado con una sonrisa irónica, o nos llamábamos ¡Panzuli, ven…! ¡Panzuli, donde estas...! Por un tiempo olvidamos de llamarnos por nuestros nombres. Fue una simple palabra pero con mucho significado que cambió nuestro trato, haciéndonos más hermanos, incluso cuando tuve que dejar el hogar y viajar a Lima para hacer mi propio camino y destino. Él tampoco dejó de crecer, aún sin mi presencia siguió con nuestras costumbres, incluso logrando algunas cosas que nunca pude realizar, como el de pertenecer a la banda de música de nuestra escuelita el 500, siempre añoré con tener en mis manos y tocar el tambor tipo Napoleón característico del 500. Me emocioné mucho cuando le vi al Panzuli marchando y tocando su napoleón con su uniforme plomo, sus guantes y escarpines blancos en uno de los desfiles en Jauja, me sentía tocando y vibrando con el retumbe mágico de su sonido, arrancando aplausos y emociones del público. Estaba complacido porque él seguía aprendiendo y cultivando los mismos gustos que yo, aunque ya no vivía en Jauja, estaba presente nuestro padre, quien seguía educándole y de quién aprendimos mucho.

No solo supo alimentarse del entorno familiar, sino también del entorno natural, de esa magia que tiene nuestra tierra, que nos hace maravilloso con tan solo vivir en ella, porque nos da muchas cosas inagotables al paso del tiempo como un universo de infinitas estrellas que nos sirve como fuente eterna de inspiración para enamorarnos, para cantarle a la vida, para crear poemas, cuentos, pinturas... El Panzuli también supo a su modo expresar sus sentimientos, una creatividad artística que nunca perdió al paso de los años. Aún puedo verlo en mi sala tocando su guitarra con su peculiar estilo de hacer vibrar las cuerdas, tocándole a la vida algunos huaynos, algunas canciones de rock y dejarnos como herencia un lienzo de pintura donde plasmó eternamente su manera de ver la vida. Porque a su manera, también supo alcanzar sus ideales. Porque a su modo, también aprendió a ser un jaujino.

Paso el tiempo, vivimos muchas cosas pero la vida a veces nos presenta momentos desagradables, y fue una fecha como ahora, un setiembre no primaveral y hace años atrás que el dolor llegó a mi familia y el Panzuli tuvo que marcharse físicamente de nuestro hogar y de la tierra de Jauja para siempre y a la eternidad. Hace cuatro o tres años atrás era imposible escribir estas líneas, no podía con toda la pena que sentía, pero ahora ya con el dolor marchito y ayudado con un trago de Crema de Muña puedo aplacar ese dolor mientras escribo, dolor que comenzó a formarse en recuerdos, al principio fue difícil y decepcionante, hasta que aprendí que la memoria es una forma de aferrarse a las cosas que uno ama de verdad, a las cosas que uno nunca desea perder, a las cosas que siempre tendré presente.

Después del entierro -fecha que significa el omega y el alfa para mí, porque él se marchó a tres días de mi cumpleaños- regrese a Lima y aún con los momentos de tristeza que me tocó vivir, busqué la soledad para pensar, amenguar y tratar de aceptar de a poco la realidad. Era invierno y la noches eran frías y eternas, solía caminar o desde mi ventana mirar el cielo oscuro contemplando la inmensidad del universo, en esos momentos extrañaba estar en Jauja y contemplar su hermoso cielo estrellado, pero ya nada era igual.

Una noche como de costumbre salí a caminar por el parque que se encuentra al frente de mi casa, estaba llena de soledad, solo el silencio reinaba el lugar y con la mirada al cielo observaba la inmensidad de universo, grande como mis pensamientos, grande como mis preguntas del porque nos había sucedido. Muchas veces le pregunté a Dios para tener una respuesta o algún consuelo, hasta que un día, más que una respuesta, me hizo ver una estrella solitaria y reluciente que destacaba en la oscuridad del cielo y me hizo comprender que el Panzuli nunca se había marchado, que él estuvo siempre frente a mí en todas las noches que caminaba, reluciente con su sonrisa y su serenidad de siempre. En esos momentos mis ojos de a poco se humedecieron hasta llorar, pero no de tristeza, sino de alegría, porque al principio pensé que lo había perdido, pero no era así, estaba siempre frente a mí, tal como era. Entonces no dude en ponerle un nombre a esa estrella, se llamaría la estrella Panzuli. Desde ese momento se sumó a las demás estrellas que forman el universo, inclusive en la inmensidad de Jauja brillando con luz propia.

Comprendí más el contexto que encierra dicha inmensidad llena de sensibilidad artística e intelectual cuando recibo un correo electrónico de Julio Dávila y que después de leer reforzó con satisfacción mis sentimientos y de las cosas que se expresan con solo ser hijos de la tierra de Jauja. Al igual que Julio dijo: “Ser jaujino es saber cómo piensan las estrellas” o la expresión de Karim que dijo: “¡Mira! ¿Vez?, a lo lejos… aquella estrella, no importa sino logras verla, ahí voy a llegar… ¡eso es Jauja!”.

Yo también algún día llegaré a esas estrellas, algún día formaré parte de ese universo celestial, ese universo que envuelve a Jauja, ese universo que nos acogerá para seguir siendo jaujinos. Por ahora son mis recuerdos que se aferran a la memoria del Panzuli para seguir creciendo como hermanos. Yo seguiré en la tierra de Jauja mirando la estrella Panzuli, sin olvidar nuestra infancia cuando le cuidaba, y él seguirá en el universo de Jauja iluminándonos desde arriba. Ahora, él cuida de nosotros... Macko Leiva

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2 de septiembre de 2015