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Jauja, donde pagan a los hombres por dormir, fustigan a los hombres que insisten en trabajar, los árboles son de tocino y sus hojas de pan de fino. Las calles están adoquinadas con yemas de huevo y lonjas de tocino, asadas y fritas...
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21 de febrero de 2018

El amor en tiempo de carnaval jaujino

Era tiempo de carnaval cuando regrese a Jauja. Tiempo en que los jaujinos demostramos nuestra alegría y garbo bailando los tradicionales cortamontes, una coreografía elegante y romántica que engalana las pandillas en nuestros barrios. Tiempo en que muchos de nosotros regresamos a la madre tierra, atraído por su magia y su tradicional alegría.

Era la traída de árbol del barrio La Libertad y con un amigo fuimos por la tarde a ver el “Hatun Jilo Shalcuy” (parada de monte) en su plazuela. Nos ubicamos lejos, para no ser víctimas de las féminas que se ensañaban con los hombres empapándolos de harina, lugar desde donde podíamos ver tranquilos el éxtasis del carnaval que se vivía. Cuando miraba a distintos lugares, pude observar a una hermosa jaujina que no la reconocía, le di un suave codazo a mi amigo para preguntarle quien era, pero tampoco la conocía, nos preguntamos quien era y con un poco de lastima solo atine a observarla hasta que se perdió en la multitud.

Más tarde, cuando la noche había caído y ya habían plantado los árboles, las parejas empezaron a bailar con dirección a la Plaza de Armas, nos adelantamos unas cuadras para ver la pandilla que encabezaban los padrinos. Entre la multitud de bailantes y espectadores que pasaban, me volví a cruzar con ella y pude robarle una mirada, fue breve porque las personas que venían detrás la empujaban y pasó raudamente por mí delante. Yo me quede mirando a las demás parejas que pasaban bailando y luego seguir a los bailantes. Llegamos a la plaza y nos ubicamos frente a la municipalidad para contemplar el jolgorio y la alegría de nuestro carnaval, había mucha gente que bailaba y “guapeaba”. Todo era alegría, era tiempo de carnaval.

Entre la multitud nos volvimos a encontrar y pude observarla con más tranquilidad porque las parejas y personas estaban más dispersas, nuestras miradas se congelaron un momento y nos quedamos parados frente a frente. Yo solo atine a dar unos pasos más para acercarme, dejando atrás a mi amigo y decirle tímidamente “hola”. Igual, me respondió tímidamente con un “hola”, pero fue suficiente para iniciar una conversación y me presente formalmente. Empezamos a caminar, me contó que regresaba a Jauja después de mucho tiempo y su soledad era porque sabía poco de sus amigas del colegio y porque vino de improviso por unos días. Dimos muchas vueltas por el perímetro de la plaza contándonos nuestros pasados y conociéndonos de a poco. Cuando la mayoría de los carnavaleros ya se habían retirado, me ofrecí acompañarle a su casa, ella acepto y caminamos por el Jirón Grau rumbo a la plaza Santa Isabel. En el camino me sentía un poco lerdo pero trataba de disimular. Me comentó que siempre esta calle fue su camino cuando iba y regresa del colegio y las veces que salía a pasear. De a poco se quedó callada y observó detenidamente los alrededores de la calle angosta, yo detuve un poco mis pasos tratando de sincronizar con su lenta mirada, me contagio su curiosidad y observamos los portones viejos, las grandes ventanas, las paredes descoloridas por las lluvias, por el sol y por el tiempo. Rompió su silencio y me dijo que este lugar no había cambiado mucho, que todo era casi igual a pesar que regresaba después de muchos años. Por su comentario sentí que le traían muchos recuerdos de la época del colegio, nuevamente se quedó callada. La miré, una sonrisa acompañaba su silencio y sus recuerdos. Dejé que se consumiera en su pasado y en sus recuerdos.

Volvimos a caminar y me indico por dónde ir, no sabía dónde vivía pero me dejaba llevar, cruzamos los arcos de la Plaza La Libertad y caminamos rumbo al cementerio. Un camino lleno de silencio y soledad, flanqueados por árboles y un poco oscuro, debido a la poca iluminación artificial. Solo nos alumbraba un poco de luz de la luna llena que el tupido de los arboles dejaba pasar. Nos adentramos en la oscuridad sin temer a nada y entregados a nuestra conversación. Se detuvo casi en el lugar donde los cobarrianos habían plantado los árboles para el cortamonte, frente a la piscina municipal, y señalándome al lado contrario, al jirón Olaya, me dijo que vivía a unas cuadras. Me hizo entender que no quería que le acompañe hasta su casa, caminamos despacio y nos detuvimos en una esquina. Yo me recosté en una pared y pude ver una hermosa casa que tenía una chimenea y un enorme árbol de pino en el jardín. Antes había pasado por ahí pero nunca le había prestado atención, ahora estaba frente a esa casa y podía ver los detalles de su hermosa arquitectura. Ella se ubicó frente a mí y gracias a los rayos del plenilunio que reinaba el cielo pude contemplar de más cerca su hermosura, su piel blanca, sus delgados labios color rosa fucsia, sus cabellos negro azabache, largos y ondulados que a veces jugaban con el viento. Creo que muchas veces se daba cuenta que la observaba y avergonzada sacaba su cautivante mirada a otro lugar.

Nos olvidamos del tiempo y pasamos muchas horas conversando y contándonos tantas historias de nosotros, tantas anécdotas como minutos que el tiempo contaba y no perdonaba. Ya era de madrugada y hacía frío, ella llevaba puesto una chompa y un chaleco. Entumida, tenía los brazos cruzados y de vez en cuando se frotaba sus antebrazos tratando de darse calor. Yo le ofrecí mi casaca y ella acepto, yo me sentía muy bien con su compañía y no quería que esto acabe, ella acepto mi casaca y asumí que tampoco quería irse. Era un momento mágico que quería detener, pero no podía. En nuestra conversación le pedí para bailar, ella me dijo que no podía porque no tenía la vestimenta, le dije que no se preocupara, que solo necesitaba sus zapatos, que yo le daría lo demás, me dijo ¿Cómo? Le explique que mi mamá tenía varias vestimentas y le pediría prestado. Ella acepto con dudas, me di cuenta de su incertidumbre y volví a preguntarle y me dijo que había otro problema, que pertenecía a una religión cristiana y que no aprobarían que baile, pero de todas maneras le preguntaría a su Pastor. Yo feliz le hice un gesto de agradecimiento y ya cerca de las tres de la madrugada me dijo que tenía que irse, antes nos pusimos de acuerdo para vernos a las once de la mañana en el mismo lugar donde estábamos. Me acerque y le di un beso en la mejilla, pude sentir su piel gélida. Me miro y sonrío. Me devolvió mi casaca y nos despedimos. Me quede parado y poco a poco se perdió en la oscuridad, yo regrese por el mismo camino, lleno de alegría. Esa madrugada me olvide de mis amigos que seguramente se encontraban en algún lugar divirtiéndose como de costumbre. Yo me fui alegre a dormir y aunque no tenía sueño, esperaba ansioso que pronto amaneciera.

La mañana era radiante, el cielo era completamente azul con pocas nubes. Los cantos de las aves alegraban el día y mi corazón latía cada vez más cuando me acercaba al lugar del encuentro. Pude verla que venía desde la otra cuadra, con la luz del día era más hermosa. A lo lejos me regaló una sonrisa y yo le recibí con un beso en su mejilla. Caminamos rumbo al cementerio comentando sobre la noche anterior y después me dijo que muy temprano había visitado a su Pastor para decirle que tenia deseos de bailar y quería su permiso, el Pastor le contesto que Dios ni la religión no le prohibía bailar, con las enseñanzas que recibió, ella debería saber qué actos debe prohibirse, y si estaba segura de no cometer ningún pecado, podía bailar. Yo la vi animada y ahora si estaba segura que bailaría conmigo. Me alegre mucho.

Ingresamos al cementerio y nos dimos tiempo para caminar por todos los rincones, estaba llena de soledad, tranquilidad y sosiego. Ingresamos a uno de los pabellones antiguos para ver las tumbas. El tiempo parecía retroceder y se sentía algo gélido. Sentí que ella se me acercó más, comprendí su miedo, porque cambió hasta su manera de hablar, con un tono más bajo y con algo de temor. Pero no había mucho que decir, éramos solos los dos rodeados de soledad y de tumbas. En un momento dejamos de caminar para leer los nombres y las fechas de las placas de los nichos, mirábamos por todas partes y por ahí nuestras miradas se encontraron, nos quedamos prendidos de nuestras miradas sin decirnos nada. Sentí algo mágico al contemplar fijamente sus ojos, como si podía sentir su ser interior. Vi como sus pupilas cada vez brillaban más y me sentí atraído. Me acerque de a poco hasta besarla. Ella, al sentir mis labios, cerró sus ojos y se dejó llevar, yo también cerré mis ojos y nos entregamos al fuego de pasión que empezábamos a encender.

Fue un beso largo y tierno, después no fue necesario palabra alguno, nos volvimos a mirar en silencio, sus pupilas brillaban aún más, nos regalamos una tierna sonrisa y sellamos nuestro sentimiento con un fuerte abrazo. No la solté y ella recostó su cabeza meciéndose en mi hombro, mi corazón latía más casi al ritmo de una tonada de carnaval de una banda que se escuchaba a lo lejos. No recuerdo cuanto tiempo estuvimos así y dentro de ese pabellón, pero salimos tomados de la mano y con una felicidad plena. Era hora del almuerzo y deberíamos regresar, ahora si la acompañé hasta su casa y quedamos para vernos al día siguiente.

En la tarde, busque la oportunidad para conversar con mi mamá y pedir prestado su vestimenta, al comienzo se negó aduciendo que se ensuciaría de barro porque llovía mucho. Prometí cuidarlo y a las finales accedió, me dio a escoger y elegí lo mejor que tenía. En la noche me encontré con mis amigos, lleno de felicidad les conté que ya tenía pareja para bailar, pero no les dije quién era.

Al día siguiente, por la mañana fui a su casa, por primera vez toque la puerta y pregunte por ella. Salió un poco sorprendida, le dije que le traía el atuendo y se alegró, me sonrió y me dijo que regresara por la tarde, que tenía que arreglarse. Me despidió rápido, pero yo feliz. En la tarde, ya cambiado con mi terno fui a recogerla, cuando salió, se presentó reluciente con el atuendo típico de una jaujina, haciendo gala que la mujer jaujina es muy hermosa, me quede pasmado por un instante, reaccioné con una sonrisa y con palabras de halagos y nos fuimos al barrio La Libertad. Esa tarde nos conocimos más, empezamos a coordinar nuestros movimientos, al comienzo algo burdo pero poco a poco fuimos refinando hasta llegar a dibujar alegres y carnavalescas coreografías al estilo jaujino y al ritmo de la banda de músicos. Las horas pasaban y cada vez eran más intensas el derroche de gala de las parejas, al igual que nuestro sentimiento, que cada vez se estrechaban más, incluso cuando la banda de músicos dejaba de tocar, nosotros nos perdíamos entre la multitud de los bailantes sin soltarnos de la mano. Cuando la noche ya cubría la fiesta, nuestro amor relucía destellante, gracias a su hermosa mirada, a su cautivante sonrisa y a sus besos apasionados que le robaba de vez en cuando.

Y así, fueron varias veces que bailamos en diferentes barrios, puedo decir que ese año fue la mayor cantidad de cortamontes que baile, siempre con ella. Incluso me pase del tiempo de mi estadía y vacaciones, pero no importaba, el amor que había encontrado me hacía olvidar todo, era feliz y era lo único que me interesaba. Nos volvimos inseparables, todos los días nos veíamos, y cuando no había cortamonte, solíamos pasear por el parque o por el campo, incluso desafiando a la lluvia. Y en las noches, si no caminábamos por la plaza o por los jirones Grau y Junín, nos internábamos en un terreno lleno de árboles que había frente a su casa. Con la luna de testigo que nos daba un poco de luz y confundidos entre la oscuridad y la vegetación, nos entregábamos a nuestras caricias, todo al natural y a veces algo prohibidas. Cuando llovía no huíamos de nuestro idilio, al contrario, muchas veces hasta sentí como las gotas recorrían su cuerpo y como desaparecía con el calor que nuestras caricias emanaba. Pero como todo acaba, también la noche y con ella, se iba el fuego de nuestra pasión, y regresábamos a casa.

Pasaron semanas y ya habían terminado los carnavales, y un día le pregunte algo preocupado, ¿Cuándo viajas a Lima? Ella me respondió: viajo cuando tú regresas a Lima. Me sorprendió su respuesta, la mire a sus ojos y pude ver amor, me emocione, la bese y la abrasé con todo mi fuerza. Entonces no tenía caso quedarnos más en Jauja y decidimos regresar a Lima.

Cambiamos las mañanas tranquilas, nuestros hermosos paseos en las tardes por el campo, nuestras noches románticas y apasionadas, nuestras largas conversaciones y las veces que buscábamos alguna estrella fugaz del hermoso e inmenso cielo estrellado de Jauja, por los días agitados de Lima. Nuestros encuentros ya no eran diarios sino a la semana, ya no había noches que podíamos estar juntos, solo en las tardes y un momento de conversación. Yo vivía por el centro de Lima y ella vivía en el distrito de San Juan de Miraflores. Solíamos encontrarnos solo los sábados al mediodía, paseábamos por la Lima Colonial o buscábamos un parque donde conversar y máximo a las nueve de la noche nos despedíamos. Y así nos citábamos cada semana, en el mismo lugar, a la misma hora. Era un pacto sentimental.

En una de nuestras citas, al momento de despedirnos, acordamos encontrarnos en el día de su cumpleaños, quería pasar conmigo y yo encantando acepte. Pero un día antes de nuestra cita, me encontré con unos amigos del colegio y con mucha emoción decidimos reunirnos en casa de uno de ellos, ya que sus padres habían viajado a Jauja y estaba solo. La reunión fue amena y nos quedamos a dormir en su casa. Cuando desperté mire el reloj y de un salto me levante muy preocupado porque era las 11 y 30 de la mañana y debería estar al medio día en el centro de Lima, estaba lejos y no llegaría a tiempo. En esa época ella no tenía celular para llamarla y decirle que me espere, solo me lave la cara rápidamente y salí presuroso a tomar cualquier movilidad. Llegué a las 12 y 15 de la tarde, fui corriendo al lugar donde siempre la esperaba, pero no la vi, camine rápidamente una cuadra más pero no la encontré, regrese para ir hasta la otra cuadra y nada, no estaba. Me desespere, no sabía qué hacer, regrese al lugar de nuestro encuentro y me quede esperando con la esperanza que llegaría. Mi espera fue en vano, caminé hacia la Av. Wilson por si acaso, mirando a todos lados tratando de encontrarla, regrese al mismo lugar y me quede esperándola. Ya el tiempo no me importaba, además no quería moverme de ahí, era el único lugar donde podía ubicarla. Pero después de varias horas, mire mi reloj y era las 5 de la tarde, me di por vencido y decidí retirarme, pero pensando en ella y maldiciendo haber llegado tarde.

En los días siguientes pensé mucho en ella y buscaba la manera de encontrarla porque no sabía dónde vivía, solo quedaba esperar que se cumpla la semana y volver a la hora que siempre nos encontrábamos. Fui como de costumbre, pero no la encontré, espere hasta las 3 de la tarde y nunca llegó. La siguiente semana hice lo mismo, pero solo la espere una hora, tampoco llego. Me retiré triste y abatido, solo sabía que vivía en San Juan de Miraflores, pero como buscarla, es un distrito muy grande y no conocía. A Jauja no iría al menos en cinco meses que acababa el ciclo de la universidad y era mucho tiempo para mi sentimiento. La siguiente semana ya no fui.

El tiempo paso y no pude regresar a Jauja por mucho tiempo, poco a poco la herida de mi corazón se fue cerrando al punto de hacer otra vida. De volver a enamorarme de otra mujer, supongo y estoy seguro que ella también hizo lo mismo. Los años pasaron, pero siempre hay momentos, como ahora que es tiempo de carnaval, que me recuerdo de ella. Entiendo que el amor entre nosotros acabó, aunque nunca nos dijimos personalmente que nuestra relación sentimental se daba por terminado. Sé que algún día, no sé cuándo ni dónde, sé que me encontraré. Ahí capaz tendré la oportunidad de explicarle lo que sucedió y también de terminar ese amor, que el tiempo ya se encargó de curar y también para cerrar un capítulo de mi vida.

Lo que en su momento fue algo hermoso e intenso, ahora solo es un hermoso recuerdo de un amor en carnaval y solo deseo que cuando la vuelva a encontrar, que sea en carnavales y en Jauja.

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13 de febrero de 2018

El Manshu, costumbre del carnaval jaujino

Parte de nuestro tradicional carnaval jaujino, como es la traída de monte, junto con el sombrero de paja, la ushcata, la huajla, la tinya, la chicha de jora, el tradicional puñal (un trago de caña pura); también es tradicional, el “Manshu”.

El Manshu es una mezcla de varios licores completados con la chicha de jora que el padrino prepara con antelación al día de la traída de monte. Algunas veces se le agrega pepas de rocoto y hasta orines para hacerle temida por los invitados y hacerle beber a la persona castigada. El Manshu es un castigo y a veces, es también un juego que se aplica a quienes infringen alguna ejecución de la costumbre, como carecer de alguna indumentaria, uso de la manta sin las características jaujina, mala posición de la manta, no llevar manta o sombrero, llegar tarde, no ayudar, ser groseros, etc.

Los allegados o familiares del padrino son los que tienen la botella con el Manshu y van observando a los invitados o “cuellos”. Si alguien no cumple con la tradición, al grito de ¡Manshu!, se abalanzan sobre el castigado, a quien se le sujeta los pies y los brazos estirados en "X". Cuando el castigado pone resistencia y no abre la boca, le aplican el pulso (le aprietan su miembro viril) y le introducen un chupón en la boca y ahí le obligan a beber la botella llena de la mezcla de licor.

La costumbre antigua dice que, el primero en ser castigado es el padrino "disque" por haber tumbado el monte, luego dicen que es el turno de los huajleros por no tocar bien y así, sucesivamente, van cayendo uno a uno, quienes rompen la tradición y el buen comportamiento. Cualquier motivo, es motivo para el Manshu.

Ya saben, a tener cuidado y a comportarse bien.

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2 de febrero de 2018

HISTORIA DEL CARNAVAL EN JAUJA

Los antecedentes más importantes del Carnaval Jaujino se remontan a los inicios del siglo XX.

Dentro las fuentes escritas que encontramos están el diario El Porvenir, que se publicó de 1908 hasta la década de los sesenta del siglo XX. Como se sabe, la colección más completa que había de El Porvenir se encontraba en la Iglesia, aunque en un gesto de severo desprecio por la historia y cultura de Jauja, ésta fue arrojada al río Yacus y quemada en su integridad en la década de los noventa del siglo pasado. La importancia de este periódico en la historia de Jauja es evidente, prácticamente es la memoria contemporánea de la ciudad y la provincia, ya que dio cuenta de muchos sucesos y acontecimientos de importancia, en este caso, noticias sobre eventos sociales y de cultura popular. Felizmente, una colección importante, aunque incompleta, se encuentra en la Colección Peruana de la Sala de Investigaciones de la Biblioteca Nacional del Perú; y otra, en la colección particular que posee el profesor Henoch Loayza, quien rescato una gran colección que quemó la lglesia.

La parte medular de este trabajo se sustenta, precisamente, en la información que se ha podido recoger de este periódico. Como ya se ha mencionado, nuestro interés principal es indicar en los antecedentes del Carnaval, con el fin de establecer su proceso de cambio, estableciendo los elementos que propiamente dieron origen a la fiesta.

La lectura de El Porvenir de la segunda década del siglo XX, muestra que el Carnaval en Jauja se desarrollaba de una manera distinta a la que ahora conocemos. No la definía la denominada Calistrada que, a pesar que ya se organizaba en estos momentos, su representación era irregular. Hacia 1917, se da cuenta de la existencia del IX Calixto, por lo que suponemos que la Calistrada en Jauja, como tal, se inició en 1908. En consecuencia, hacía la segunda década del siglo XX no había tomado fuerza este componente del Carnaval, como si lo haría hacia mediados del mencionado siglo.

Tampoco hay evidencia del Cortamonte, hoy por hoy el componente por excelencia del Carnaval. Lo que en estos momentos definía una celebración del carnaval en Jauja era otra cosa. En una noticia aparecida el 4 de febrero de 1918, en este periódico, se da cuenta de lo siguiente:

"Según nuestros informantes hay gran entusiasmo en nuestros mejores círculos sociales por asistir a los bailes de fantasía, que se organiza con toda actividad, para las noches de carnestolendas.

Según referencias que tenemos dichos bailes se verifican en las noches del domingo y martes en las casas de dos conocidas familias de esta ciudad; y en la del lunes, en el chalet Margot. Oportunamente iremos informando a nuestros lectores, de los detalles que conozcamos de estas fiestas que vienen a sacudir nuestra sociedad de la vida monótona y triste que desde hace algún tiempo se lleva desgraciadamente en Jauja".

En otra nota aparecida el 9 de febrero del mismo año se informa:
"Es grande el entusiasmo que se nota en nuestros mejores círculos sociales por asistir a los bailes que tendrán lugar durante las noches de Carnaval y que han sido organizadas por un grupo de distinguidos caballeros.

Según nuestros informantes, el primero de dichos bailes se efectuará en la noche en la casa de la familia del señor Luis Bardales; el segundo organizado por el mismo grupo, tendrá lugar en la noche del martes en la casa de la familia del señor Lorenzo Wissar.

Igualmente sabemos que un grupo de señores y señoritas, al que se ha asociado, otro de caballeros proyecta una velada para el día siguiente, la que se verificará en casa de una de las familias de Jauja".

Esto quiere decir que, propiamente, lo que caracterizaba a los carnavales en Jauja hacia la segunda década del siglo XX, eran unos bailes en Salones. El baile que se anunciaba en las páginas del El Porvenir, inició a las 9:30 de la noche y se desarrolló de la siguiente manera:
"Después del saludo de estilo, se puso la primera cuadrilla, que fue bailada por veinte parejas, jugándose con serpentinas, chisguetes y olores, en medio de gran alegría, entusiasmo, animación, que no decayeron un solo instante entre el derroche de gentileza y atenciones de la familia Bardales Ordoñez.
El baile se efectuó en dos salones y el entusiasmo de las personas que gozaron de él, podemos decir sin temor a pecar de exagerados, que era indescriptible (...) Terminada la primera cuadrilla, se libaron dos copas de champaña y en el transcurso de la hermosa soireé, las cenas generosas, dulces y confituras, restauraban las fuerzas de la distinguida concurrencia. "

No hay evidencia desde cuando se hubiera establecido en Jauja una costumbre de esta naturaleza. En 1916 y 1917 no hemos encontrado evidencia, en las páginas de este periódico, de este tipo de actividades en la ciudad, aunque con el detalle de que:
"Sin el entusiasmo y la alegría de años anteriores han transcurrido los días de carnestolendas, pues han sido muy contadas las casas donde se ha jugado, quedando el juego circunscrito a los granujas y gente de pueblo. En cuanto a matinées y soirées, éstas han brillado por su ausencia, consecuencia sin duda alguna de la aguda crisis por la que atraviesa no solo Jauja sino el mundo entero".

Esto sugiere que, en este momento, una celebración con estas características ya se encontraba bastante difundida. El principal elemento del mismo era, como se aprecia, la soirée. Casi todas las reuniones que se organizaban en la ciudad, sea con el motivo que fuera, tenían como elemento definidor su presencia. Soirée es una voz francesa que, concretamente, se refiere a una reunión y fiesta nocturna de personas de distinción para divertirse con baile o música. Al parecer, en Jauja, específicamente, se caracterizaba por el baile.

El asunto merece resaltarse. Es muy factible de suponer que el baile que se desarrollaba en las fiestas nocturnas, sea el antecedente directo más importante del baile del carnaval, sobre todo cuando su representación se traslade al que se efectuará posteriormente en el denominado Cortamonte. Lamentablemente, no se ha encontrado referencia de qué era lo que se bailaba en estas reuniones.

Fuente: El carnaval jaujino como medio de afirmación de la identidad cultural – Edgar Guillén

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14 de marzo de 2017

Cortamonte en honor al Santísimo “Tayta Huakllas El Castigador”

(…) Pero yo pienso que una Cruz no está puesto por gusto en ese lugar, entonces la gente, también la gente ya se olvidó, entonces ahí viene el castigo, yo pienso que para que las lluvias retornen toda la gente, todo el pueblo tiene que ir a orar a las cruces de espinas. Los del Barrio de Huacllas se habían comprometido en construir su capilla en ese lugar y por no cumplir, se vino esa desgracia ese año (…)

Padrinos del ancestral cortamonte del Barrio Mutualista Huakllas, tienen el placer de invitar a Ud. y familia a la fiesta de carnavales en honor al Santísimo “Tayta Huakllas El Castigador”, que se llevará a cabo los días jueves 16 y sábado 18 de marzo de acuerdo al programa adjunto.


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1 de marzo de 2017

No solo de tunantada vive un jaujino, también de cortamonte

El carnaval jaujino se manifiesta a través de los cortamontes que se realizan en cada barrio y comprende la “traída” y el “tumbamonte”. Autentica y peculiar expresión cultural por medio de una danza, elaborada artísticamente con una demostración de garbo y elegancia que en cada paso realizan las parejas, y que no es fácil ejecutarla perfectamente.

Aún recuerdo, las primeras veces, cuando asistía a los cortamontes para ver a las parejas que se diferenciaban por su baile refinado. De noche, cuando los árboles habían caído, los nuevos padrinos dejaban la plazuela del barrio y encabezaban la pandilla hacia la plaza de armas, ingresando triunfalmente y “guapeando” por el jirón Junín o Grau, formando una inmensa pandilla de varias cuadras. Las parejas vestidas típicamente se mezclaban con las que vestían de civil.

El público en general que contagiados por el frenesí, dejaban de ser espectadores y se animaban a bailar. Era fiesta de carnaval y a esa hora estaba permitido que las parejas participen en la pandilla sin vestir el traje típico jaujino.

Los nuevos padrinos, junto a sus familiares y amigos, al llegar a la plaza de armas, se dirigían al “Casino de Jauja” para ser homenajeado por su antecesor y la fiesta seguía con algún grupo tropical.

Una noche, cuando observaba a los bailantes del Barrio de Huarancayo que se dirigían a la plaza de armas, una vecina, me propuso hacer “bollitos”, no sabía lo que me proponía, pero al explicarme, comprendí que era una invitación a bailar. La denominación de hacer “bollitos” era la costumbre de bailar sin disfraz, siguiendo a la pandilla hacia la plaza de armas.

Como muchos, practique mis primeros pasos con los “bollitos”, asimilando poco a poco hasta tener confianza y destreza. Después vendría la primera vez que bailaría con una hermosa jaujina. Fue en el barrio de La Libertad. Con temor ingresé al ruedo, sentía que todas las miradas de los espectadores eran para mí, no me quedo más que bailar cerca a los árboles y cubierto por las demás parejas que si mostraban con naturalidad su destreza dancística. La experiencia fue hermosa y me motivó a seguir bailando, la segunda vez fue con más seguridad y así de a poco a poco llegué a tener la confianza de los antiguos y expertos danzantes. Hasta llegar a dibujar con los pies y expresar con los movimientos del cuerpo, el garbo y la elegancia del carnaval jaujino. La posición de bailar al fondo, pasó a la parte exterior del ruedo, cercano a los espectadores. Sentí toda la emoción que produce nuestra tradición carnavalesca mediante la danza. En cada paso que daba me encantaba el arte de llevar a mi pareja e intercambiar miradas y sonrisas cómplices. Tantas historias vividas. Tantas historias por recordar y por contar.

A esa temprana edad no tenía terno y no quedaba otra que pedir prestado a mi padre. Yo era un poco más alto que él y tenía que bajar la basta del pantalón, Aunque no era mi talla pasaba desapercibido, mejor si bailaba en el barrio de Huarancayo, porque el poncho ayudaba a cubrir el terno. Hasta que un amigo, que en esos tiempos no bailaba muy seguido, me presto su terno que si era de mi medida, porque teníamos la misma estatura. Ese año bailé en casi todos los barrios de Jauja, como pronosticando mi despedida de varios años. Al devolver el terno, fue como dar la posta a mi amigo, como si el terno se hubiera convertido en un “terno bailarín”, le cambio su actitud de no bailar y ahora, hasta el día de hoy, sigue bailando los cortamontes.

Pasaron los años, baile en muchos barrios. Tuve la oportunidad de regresar varias veces y disfrutar de nuestra hermosa tradición. Algunos años no pude, como algunos jaujinos que no tienen la oportunidad de regresar por varios motivos. Esas veces que no regrese, solo quedo contentarme con los hermosos recuerdos que guardaba y que afloraban al ver una foto, un vídeo, alguna noticia o algún motivo relacionado al carnaval de nuestra tierra, nuestros cortamontes. Solo quedaba hacer la promesa de regresar nuevamente.

Hasta una próxima historia de Jauja…

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19 de febrero de 2017

El Chuicash Majay, el juego ancestral del carnaval de Paca - Jauja

Es un juego ancestral que se realiza en los carnavales en Paca, es de origen español denominada “Chueca” y fue divulgada su práctica entre los indígenas del Perú. Fue implantado en Paca probablemente cuando llegaron al pueblo con motivo de la explotación de las minas de plata en la parte alta de Jayat. Los lugareños se ingeniaron para darle características propias al juego, inclusive dejaron de llamarla “Chuecash” y le pusieron “Chuicash”

El día viernes de carnaval, en la tarde, cuando la fiesta se encuentra en todo su esplendor, al son de las notas musicales de la Pachahuara y cuando están degustando la comida del Señor, el “Puchero”, es cuando se da inicio al juego en el perímetro de la plaza.

Consiste en jugar con un palo curvado en uno de sus extremos y una bola de tronco macizo que pesa entre 10 a 14 kilos. Los jugadores son personas mayores y labriegos de Paca que tienen destreza y fuerza en los brazos, pues el juego es bastante rudo. La indumentaria que llevan son las que visten un labrador de campo o “chacarero”, se complementa con un sombrero de lana, generalmente ajado, luego calzan unos zapatos fuertes y resistentes para el trajín que habrán que desplegar.

Conforman dos equipos; los que pertenecen al barrio de arriba (los de “Tarma”) y los del barrio abajo (los de “Jauja”). Antes de iniciarse el partido, se congregan frente a la Iglesia, la pelota se pone al medio de ellos y un árbitro da la señal de partida. El juego consiste en arrastrar la pelota con sus palos curvados, tratando de hacer llegar la pelota a la bocacalle que da hacia su barrio, como la pelota no es una esfera uniforme, a veces avanza como también retrocede, haciendo laborioso trasladar la pelota y llegar a la meta. El equipo que logra hacer llegar a la bocacalle es el ganador.

Este juego tiene una simbología en el labrado de la tierra, por cuanto el esfuerzo que realizan significa que han dedicado sus esfuerzos en una “faena” a favor del Señor de Paca o sea han cultivado sus chacras sembradas de “culao”, de maíz y habas, pues coincidentemente es la época de cultivar los sembríos en Paca. Por lo que tiene un significado mágico-laborioso el juego denominado “Chuicash Majay” y que se realiza en la fiesta de la Mayordomía.

Hasta una próxima historia de Jauja…

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18 de febrero de 2017

Mayordomía del Señor Ánimas de Paca - Jauja

Lunes 20 de febrero
- Lavado de mote en el río Mayupata (Alameda del distrito).

Martes 21 de febrero
- Partida a la ciudad de Jauja para la tradicional elaboración del pan “Jalay”.

Jueves 23 de febrero
- Recepción de los cabos velas para la tradicional labranza de la cera por los “competeros”
- Víspera de comadres.

Viernes 24 de febrero
- Tradicional primer día de traslado de las “pailas” de comida desde la casa del mayordomo hasta el atrio del templo.
- Primer día de degustación del riquísimo puchero, locro, patasca, el tradicional pan “Jalay” y la rica chicha de jora, en honor al Señor Ánimas de Paca, y con el público en general.
- Inicio del tradicional juego del “Chuicash”.
- Primera entrega de las ceras a las autoridades a cargo de los mayordomos.
- Gran Pandillada general con la tonada de la Pachahuara.

Sábado 25 de febrero
- Misa general en devoción al Señor de Paca con la presencia de los mayordomos.
- Tradicional segundo día de traslado de las “pailas” de comida desde la casa de los mayordomos hasta el atrio del templo.
- Segundo día de degustación del riquísimo puchero, locro, patasca, el tradicional pan “Jalay” y la rica chicha de jora, en honor al Señor Ánimas de Paca, y con el público en general.
- Segundo día de entrega de las ceras a las autoridades a cargo de los mayordomos.
- Sucesión del cargo de los mayordomos.

Hasta una próxima historia de Jauja…

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15 de febrero de 2017

Calendario del carnaval jaujino 2017*

*Para mayor información y veracidad, confirmar con las tarjetas de invitación de cada Barrio.

Sábado, 25 de febrero
- Traída del Barrio La Salud

Domingo, 26 de febrero
- Tradicional Velay Cruz en Honor a la milagrosa cruz del Señor de Huarancayo

Lunes, 27 de febrero
- Primer día de Traída del Barrio Huarancayo
- Cortamonte del Barrio La Salud

Martes, 28 de febrero
- Primer día de Traída del Barrio La Libertad
- Segundo día de Traída del Barrio Huarancayo

Miércoles, 01 de marzo
- Primer día de Cortamonte del Barrio Huarancayo

Jueves, 02 de marzo
- Traída del Barrio La Samaritana
- Traída del Barrio Ricardo Palma
- Segundo día de Cortamonte del Barrio Huarancayo

Viernes, 03 de marzo
- Primer día de Cortamonte del Barrio La Libertad
- Monte Velay en Honor a la Santísima Cruz Señor de La Samaritana

Sábado, 04 de marzo
- Segundo día de Traída del Barrio La Libertad
- Cortamonte del Barrio La Samaritana
- Cortamonte del Barrio Ricardo Palma

Lunes, 06 de marzo
- Tradicional Monte Velay en Honor al Señor de la Cruz de La Libertad

Martes, 07 de marzo
- Segundo día del Cortamonte del Barrio La Libertad

Jueves, 09 de marzo
- Traída del Barrio San Antonio
- Traída del Barrio Cruz de Espinas
- Primer día de Traída del Barrio El Porvenir

Viernes, 10 de marzo
- Segundo día de Traída del Barrio El Porvenir

Sábado, 11 de marzo
- Primer día de Cortamonte del Barrio El Porvenir
- Cortamonte del Barrio San Antonio
- Cortamonte del Barrio Cruz de Espinas

Domingo, 12 de marzo
Segundo día de Cortamonte del Barrio El Porvenir

Jueves, 16 de marzo
- Traída del Barrio Huacllas

Sábado, 18 de marzo
- Traída del Barrio Moto Vivanco
- Cortamonte del Barrio Huacllas

Lunes, 20 de marzo
- Cortamonte del Barrio Motto Vivanco

Viernes, 24 de marzo
- Traída del Barrio San Lorenzo

Sábado, 25 de marzo
- Cortamonte del Barrio San Lorenzo

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18 de febrero de 2016

Tradicional Cortamonte del barrio San Antonio 2016 - Jauja

Los padrinos del tradicional cortamonte del barrio de San Antonio, Verónica Leiva Mucha y Ciro Salazar Villar, tienen el agrado de invitar a Ud. y familia a la fiesta carnavalesca que se llevara a cabo los días jueves 18 y sábado 20 de febrero.



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15 de febrero de 2016

El amor en tiempos de carnaval jaujino

Era tiempo de carnaval cuando regrese a Jauja, tiempo en que los jaujinos demostramos nuestra alegría y garbo bailando los tradicionales tumbamontes, una coreografía elegante y romántica que engalana las pandillas en nuestros barrios, tiempos en que muchos de nosotros regresamos a la madre tierra atraído por su magia y su tradicional alegría.

Era la traída de árbol del barrio La Libertad y con un amigo fuimos por la tarde a ver el “Hatun Jilo Shalcuy” (parada de monte) en su plazuela. Nos ubicamos lejos, para no ser víctimas de las féminas que se ensañaban con los hombres empapándolos de harina y desde donde podíamos ver el éxtasis del carnaval que se vivía. Cuando miraba a distintos lugares, pude observar a una hermosa jaujina que no la reconocía, le di un suave codazo a mi amigo para preguntarle quien era, pero tampoco la conocía, nos preguntamos quien era y con un poco de lastima solo atine a observarla hasta que se perdió en la multitud.

Más tarde, cuando la noche había caído y ya habían plantado los árboles, las parejas empezaron a bailar con dirección a la plaza de armas, nos adelantamos unas cuadras para ver la pandilla que encabezaban los padrinos. Entre la multitud de bailantes y espectadores que pasaban, me volví a cruzar con ella y pude robarle una mirada, fue breve porque las personas que venían detrás la empujaban y pasó raudamente por mí delante. Yo me quede mirando a las demás parejas que pasaban bailando y luego seguir a la caravana. Llegamos a la plaza y nos ubicamos frente a la municipalidad para contemplar el jolgorio y la alegría de nuestro carnaval, había mucha gente que bailaba y “guapeaba”; todo era alegría, era tiempo de carnaval.

Entre la multitud nos volvimos a cruzar y pude observarla con más tranquilidad porque las parejas y personas estaban más dispersas, nuestras miradas se congelaron un momento y nos quedamos parados frente a frente, yo solo atine a dar unos pasos más, dejando atrás a mi amigo y decirle tímidamente “hola”, igual, me respondió tímidamente con un “hola”, pero fue suficiente para iniciar una conversación y me presente formalmente, empezamos a caminar, me contó que regresaba a Jauja después de mucho tiempo y su soledad era porque sabía poco de sus amigas del colegio y porque vino de improviso por unos días. Dimos muchas vueltas por el perímetro de la plaza contándonos nuestros pasados y conociéndonos de a poco. Cuando la mayoría de los carnavaleros ya se habían retirado me ofrecí acompañarle a su casa, ella acepto y caminamos por el Jirón Grau rumbo a la plaza Santa Isabel, en el camino me sentía un poco lerdo pero trataba de disimular. Me comentó que siempre esta calle era su camino cuando iba y regresa del colegio y las veces que salía a pasear. De a poco se quedó callada y observó detenidamente los alrededores de la calle angosta, yo detuve un poco mis pasos tratando de sincronizar con su lenta mirada, me contagio su curiosidad y observamos los portones viejos, las grandes ventanas, las paredes descoloridas por las lluvias, por el sol y por el tiempo. Rompió su silencio y me dijo que este lugar no había cambiado mucho, que todo era casi igual; por su comentario sentí que le traían muchos recuerdos de la época del colegio, nuevamente se quedó callada, la miré, una sonrisa acompañaba su silencio y sus recuerdos. Dejé que se consumiera en su pasado.

Volvimos a caminar y me indico por dónde ir, no sabía dónde vivía pero me dejaba llevar, cruzamos los arcos de la Plaza La Libertad y caminamos rumbo al cementerio, un camino lleno de silencio y soledad, flanqueados por árboles y un poco oscuro debido a la poca iluminación artificial, solo nos alumbraba un poco de luz de la luna llena que el tupido de los arboles dejaba pasar. Nos adentramos en la oscuridad sin temer a nada y entregados a nuestra conversación, se detuvo casi en el lugar donde los cobarrianos habían plantado los árboles para el tumbamonte, frente a la piscina municipal, y señalándome al lado contrario, al jirón Olaya, me dijo que vivía a unas cuadras, me hizo entender que no quería que le acompañe hasta su casa, caminamos despacio y nos detuvimos en una esquina. Yo me recosté en una pared y pude ver una hermosa casa que tenía una chimenea y un enorme árbol de pino en el jardín, antes había pasado por ahí pero nunca le había prestado atención, ahora estaba frente a esa casa y podía ver los detalles de su hermosa arquitectura. Ella se ubicó frente a mí y gracias a los rayos del plenilunio que reinaba el cielo pude contemplar de más cerca su hermosura; su piel blanca, sus delgados labios color rosa fucsia; su cabello negro azabache, largo y ondulado que a veces jugaba con el viento. Creo que muchas veces se daba cuenta que la observaba y avergonzada sacaba su cautivante mirada a otro lugar.

Nos olvidamos del tiempo y pasamos muchas horas conversando, tantas historias de ella y mías que nos contamos, tantas anécdotas como minutos que el tiempo contaba y no perdonaba. Ya era de madrugada y hacía frío, ella llevaba puesto una chompa y un chaleco. Entumida, tenía los brazos cruzados y de vez en cuando se frotaba sus antebrazos tratando de darse calor. Yo le ofrecí mi casaca y ella acepto, yo me sentía muy bien con su compañía y no quería que esto acabe, ella acepto mi casaca y asumí que tampoco quería irse, era un momento mágico que quería detener, pero no podía. En nuestra conversación le pedí para bailar, ella me dijo que no podía porque no tenía la vestimenta; le dije que no se preocupara, que solo necesitaba sus zapatos, que yo le daría lo demás, me dijo ¿Cómo? Le explique que mi mamá tenía varias vestimentas y le pediría prestado, ella acepto con dudas, me di cuenta de su incertidumbre y volví a preguntarle y me dijo que había otro problema, que pertenecía a una religión cristiana y que no aprobarían que baile, pero de todas maneras le preguntaría a su Pastor. Yo feliz le hice un gesto de agradecimiento y ya cerca de las 3 de la madrugada me dijo que tenía que irse; antes nos pusimos de acuerdo para vernos a las 11 de la mañana en el mismo lugar donde estábamos, me acerque y le di un beso en la mejilla, pude sentir su piel fría; me miro y sonrío, me devolvió mi casaca y nos despedimos, me quede parado y poco a poco se perdió en la oscuridad, yo regrese por el mismo camino, lleno de alegría. Esa madrugada me olvide de mis amigos que seguramente se encontraban en algún lugar divirtiéndose como de costumbre. Yo me fui alegre a dormir y aunque no tenía sueño, esperaba ansioso que pronto amaneciera.

La mañana era radiante, el cielo era completamente azul con pocas nubes, los cantos de las aves alegraban el día y mi corazón latía cada vez más cuando me acercaba al lugar del encuentro. Pude verla que venía desde la otra cuadra, con la luz del día era más hermosa, a lo lejos me regaló una sonrisa y yo le recibí con un beso en su mejilla. Caminamos rumbo al cementerio comentando sobre la noche anterior y después me dijo que muy temprano había visitado a su Pastor para decirle que tenia deseos de bailar y quería su permiso, el Pastor le contesto que Dios ni la religión no le prohibía bailar; con las enseñanzas que recibió, ella debería saber qué actos debe prohibirse, y si estaba segura de no cometer ningún pecado, podía bailar. Yo la vi animada y ahora si estaba segura que bailaría conmigo, yo me alegre mucho.

Ingresamos al cementerio y nos dimos tiempo para caminar por todos los rincones, estaba llena de soledad, tranquilidad y sosiego, ingresamos a uno de los pabellones viejos para ver las antiguas tumbas, el tiempo parecía detenerse y se sentía algo gélido. Sentí que ella se me acercó más, comprendí su miedo, porque cambió su manera de hablar, con un tono más bajo y con algo de temor. Pero no había mucho que decir, éramos solos los dos rodeados de soledad y de tumbas. En un momento dejamos de caminar para leer los nombres y las fechas de las placas de los nichos, mirábamos por todas partes y por ahí nuestras miradas se encontraron, nos quedamos prendidos de nuestras miradas sin decirnos nada. Sentí algo mágico al contemplar fijamente sus ojos, como si podía sentir su ser interior. Vi como sus pupilas cada vez brillaban más y me sentí atraído, me acerque de a poco hasta besarla. Ella, al sentir mis labios cerró sus ojos y se dejó llevar; yo también cerré mis ojos y nos entregamos al fuego de pasión que empezamos a encender.

Fue un beso largo y tierno, después no fue necesario palabra alguno, nos volvimos a mirar en silencio, sus pupilas brillaban aún más, nos regalamos una tierna sonrisa y sellamos nuestro sentimiento con un fuerte abrazo, no la solté y ella recostó su cabeza meciéndose en mi hombro, mi corazón latía más casi al ritmo de una tonada de carnaval de una banda que se escuchaba a lo lejos. No recuerdo cuanto tiempo estuvimos así y dentro de ese pabellón, pero salimos tomados de la mano y con una felicidad plena. Era hora del almuerzo y debíamos de regresar, ahora si la acompañé hasta su casa y quedamos para vernos al día siguiente.

En la tarde, busque la oportunidad para conversar con mi mamá y pedir prestado su vestimenta, al comienzo se negó aduciendo que se ensuciaría de barro porque llovía mucho, prometí cuidarlo y a las finales accedió, me dio a escoger y elegí el mejor que tenía. En la noche me encontré con mis amigos, lleno de felicidad les conté que ya tenía pareja para bailar, pero no les dije quién era.

Al día siguiente, por la mañana fui a su casa, por primera vez toque la puerta y pregunte por ella; salió un poco sorprendida, le dije que le traía la ropa y se alegró, me sonrió y me dijo que regresara por la tarde, que tenía que arreglarse, me despidió rápido, pero yo feliz. En la tarde, ya cambiado con mi terno fui a recogerla, cuando salió, se presentó reluciente con el atuendo típico de una jaujina, haciendo gala que la mujer jaujina es muy hermosa, me quede pasmado por un instante, reaccioné con una sonrisa y con palabras de halagos y nos fuimos al tumbamonte. Esa tarde nos conocimos más, empezamos a coordinar nuestros movimientos, al comienzo algo burdo pero poco a poco fuimos refinando hasta llegar a dibujar alegres y carnavalescas coreografías con nuestros pasos al estilo jaujino y al ritmo de la banda de músicos. Las horas pasaban y cada vez eran más intensas el derroche de gala de las parejas, al igual que nuestro sentimiento que cada vez se estrechaban más, incluso cuando la banda de músicos dejaba de tocar, nosotros nos perdíamos entre la multitud de los bailantes sin soltarnos de la mano. Cuando la noche ya cubría la fiesta, nuestro amor relucía destellante, gracias a su hermosa mirada, a su cautivante sonrisa y a sus besos apasionados que le robaba de vez en cuando.

Fueron varias veces que bailamos en diferentes barrios, puedo decir que ese año fue la mayor cantidad de tumbamontes que baile, siempre con ella, incluso me pase del tiempo de mi estadía y vacaciones, pero no importaba, el amor que había encontrado me hacía olvidar todo, era feliz y era lo único que me interesaba. Nos volvimos inseparables, todos los días nos veíamos, y cuando no había tumbamonte solíamos pasear por el parque o por el campo, incluso desafiando a la lluvia; y en las noches si no caminábamos por la plaza o por los jirones Grau y Junín, nos internábamos en un terreno lleno de árboles que había frente a su casa. Con la luna de testigo que nos daba un poco de luz y confundidos entre la oscuridad y la vegetación nos entregábamos a nuestras caricias, todo al natural y a veces algo prohibidas. Cuando llovía no huíamos de nuestro idilio, al contrario, muchas veces hasta sentí como las gotas recorrían su cuerpo y como desaparecía con el calor que nuestras caricias emanaba. Pero como todo acaba, la noche también y con ella el fuego de nuestra pasión, y regresábamos a casa.

Pasaron semanas y ya habían terminado los carnavales, y un día le pregunte algo preocupado, ¿Cuándo viajas a Lima? Ella me respondió: viajo cuando tú regresas a Lima. Me sorprendió su respuesta, la mire a sus ojos y pude ver amor, me emocione, la bese y la abrasé con todo mi fuerza. Entonces no tenía caso quedarnos más en Jauja y decidimos regresar a Lima.

Cambiamos las mañanas tranquilas, nuestros hermosos paseos en las tardes por el campo, nuestras noches románticas y apasionadas, nuestras largas conversaciones y las veces que buscábamos alguna estrella fugaz del hermoso e inmenso cielo estrellado de Jauja por los días agitados de Lima. Nuestros encuentros ya no eran diarios sino a la semana, ya no había noches que podíamos estar juntos, solo en las tardes y un momento de conversación. Yo vivía por el centro de Lima y ella vivía en el distrito de San Juan de Miraflores. Solíamos encontrarnos los sábados al mediodía, paseábamos por Lima colonial o buscábamos un parque donde conversar y máximo a las 9 de la noche nos despedíamos. Y así nos citábamos cada semana, en el mismo lugar, a la misma hora. Era un pacto sentimental.

En una de nuestras citas, al momento de despedirnos, acordamos encontrarnos en el día de su cumpleaños, quería pasar conmigo y yo encantando acepte. Pero un día antes de nuestra cita, me encontré con unos amigos del colegio y cuál sería la emoción que decidimos festejar nuestro reencuentro, uno de ellos propuso seguirla en su casa, ya que sus padres habían viajado a Jauja y estaba solo, aceptamos y armamos una reunión de amanecida. Todos nos quedamos a dormir en su casa y cuando desperté mire el reloj y de un salto me levante muy preocupado porque era las 11 y 30 de la mañana y debería estar al medio día en el centro de Lima, estaba lejos y no llegaría a tiempo, en esa época no tenía celular para llamarla y decirle que me espere, solo me lave la cara rápidamente y salí presuroso a tomar cualquier movilidad. Llegué a las 12 y 15 de la tarde, fui corriendo al lugar donde siempre la esperaba, pero no la vi, camine rápidamente una cuadra más pero no la encontré, regrese para ir hasta la otra cuadra y nada, no estaba, me desespere, no sabía qué hacer, regrese al lugar de nuestro encuentro y me quede esperando con la esperanza que llegaría. Mi espera fue en vano, caminé hacia la Av. Wilson por si acaso, mirando a todos lados tratando de encontrarla, regrese y me quede esperándola, ya el tiempo no me importaba, además no quería moverme de ahí, era el único lugar donde podía ubicarla. Pero después de varias horas, mire mi reloj y era las 5 de la tarde, me di por vencido y decidí retirarme, pero pensando en ella y maldiciendo el haberme reunido con mis amigos la noche anterior.

En los días siguientes pensé mucho en ella y buscaba la manera de encontrarla, pero solo quedaba esperar que se cumpla la semana y volver a la hora que siempre nos encontrábamos. Fui como de costumbre, pero no la encontré, espere hasta las 3 de la tarde y nunca llegó. La siguiente semana hice lo mismo, pero solo la espere una hora, tampoco llego. Me retiré triste y abatido, solo sabía que vivía en San Juan de Miraflores, pero como buscarla, es un distrito muy grande y no conocía. A Jauja no iría al menos en cinco meses que acababa el ciclo de la universidad y era mucho tiempo para mi sentimiento. La siguiente semana ya no fui.

El tiempo paso y no pude regresar a Jauja por mucho tiempo, poco a poco la herida de mi corazón se fue cerrando al punto de hacer otra vida. De volver a enamorarme de otra mujer, supongo y estoy seguro que ella también hizo lo mismo. Pero siempre hay momentos como ahora que me recuerdo; aunque entiendo que el amor acabó, pero entre nosotros nunca nos dijimos personalmente que nuestra relación sentimental se daba por terminado. Algún día, no sé cuándo ni dónde, sé que me encontraré, ahí capaz tendré la oportunidad de explicarle lo que sucedió y también de terminar ese amor que el tiempo se encargó de curar y de cerrar un capítulo de mi vida.

Lo que en su momento fue algo hermoso e intenso, ahora solo es un hermoso recuerdo de un amor en carnaval y solo deseo que cuando la vuelva a encontrar, que sea en carnavales y en Jauja.

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5 de febrero de 2016

Cortamonte del Barrio Mutualista Huacllas 2016 - Jauja

Padrinos (1er Monte): Brajan Moreno Barzola - Angie Hidalgo Alvarez.
Padrinos (2do Monte): Luis Bueno Hidalgo - Marysabel Fuster Montes.






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Tradicional Cortamonte del Barrio Cruz de Espinas 2016 - Jauja



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