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Jauja, donde pagan a los hombres por dormir, fustigan a los hombres que insisten en trabajar, los árboles son de tocino y sus hojas de pan de fino. Las calles están adoquinadas con yemas de huevo y lonjas de tocino, asadas y fritas...
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10 de abril de 2018

“TUNANTUSUY”, La Historia de la Tunantada

El taller experimental artístico de la ADIT presentaran el proyecto “TUNANTUSUY”, La historia de Jauja hecho baile. Una recreación de la Tunantada a través de la historia, en el baile, la música, el teatro, la poesía, en un lugar llamado Xauxa. Con la participación del Taller Experimental Artístico de la ADIT.

Se llevará a cabo el día lunes 16 de abril a partir de las 7:00 pm en el Teatro Auditorio Mario Vargas Llosa de la Biblioteca Nacional del Perú, Av. De la Poesía 160, San Borja. Ingreso libre. Capacidad limitada.


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27 de noviembre de 2017

I Congreso de la Tunantada en Argentina

Exposición de Arte en Buenos Aires, Argentina, en el marco del “I Congreso de la Tunantada” - Baile místico de los tunantes, expresado en los colores del alma -

Este 2 de diciembre a las 17 horas, en el Consulado General del Perú, ubicado en la Calle San Martín No. 128 - 136, Microcentro, Capital Federal, Buenos Aires, Argentina (a una cuadra de la Catedral y de la Plaza Mayor).

Organizado por la Institución Tunantera “Jaujinos de Oro - Residentes en Argentina” y el Consulado Peruano en Buenos Aires - Argentina. Y con la participación de la Asociación Cultural Jaujinos de Corazón a Rajatabla.

Amenizan las orquestas Catedráticos del Perú y Nueva Sensación del Perú.

El ingreso es libre.

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21 de agosto de 2017

Tunantada en el Barrio San Lorenzo - Jauja

Del 21 al 26 de agosto, el barrio de San Lorenzo de la provincia de Jauja, se viste de gala para celebrar a ritmo de tunantada, la festividad en honor al Señor Agonía de Limpias. Las orquestas con sus melodías tunanteras llenaran de música en cada rincón de la plaza, incluso más allá, cuando los vientos que bajan de las alturas llevaran las notas sentimentales hasta la ciudad de Jauja. Y los bailantes, dejaran de caminar para dibujar su arte con sus movimientos delicados, elegantes y lleno de sentimientos.

Historia:
La veneración al divino Señor Agonía de Limpias viene de los ancestros, aproximadamente al transcurrir la segunda década del siglo XIX, cuando campesinos y ganaderos marqueños, acostumbraban a trabajar de madrugada y vivían en sus chozas o haciendas en el cerro “Cruz Punta”, para salvaguardar a sus ganados de la lluvia y lodos intensos. Estas personas oían voces de un varón invisible que exclamaba: ¡Sáquenme de este lugar… o los castigaré…! El lugar era la quebrada del río Huashpi (entre el cerro Cruz Punta y Shinti) en el distrito de Marco, valle de Yanamarca, provincia de Jauja.

Y así llegó un 15 de diciembre de 1927, cuando pobladores marqueños se encontraban labrando piedras en el lugar denominado “Huashpi” para construir el puente “Rey Pacatán” en Champatambo, donde los comuneros don Teófilo y Agapito Carhuancho encontraron una pulida piedra de 1 metro por 1.50 metro. Inmediatamente acordaron partirla por la mitad, al voltearla con una barreta, advirtieron asombrados que en ella estaba grabada una cruz en bajo relieve, esto aconteció al medio día; dieron aviso a los demás trabajadores, quienes después de una breve asamblea informal, acordaron su traslado provisional a la capilla de “Cumu Cruz”. Más tarde se notició a los comuneros del Primer Cuartel, quienes acudieron con flores y ceras, demostrando su devoción.

Aprovechando de la fe popular, y en la imagen que se observaba en la cruz de piedra, de Jesús Crucificado, la Virgen y un Ángel, se resuelve pedir a Barcelona (España) una efigie del Señor de Limpia, la que hoy se venera con el nombre de “Señor de Agonía de Marco”.

Los hombres creyentes de nuestra religión, le atribuyen la hermandad de la trilogía de personajes milagrosos: “El Señor de Muruhuay” en Tarma, “El Señor de Ánimas de Paca” y el “Señor Agonía de Marco” en Jauja, se ha formado la conciencia religiosa y cristiana por las grandes virtudes y la fe de los creyentes, y en los meses de abril, mayo, junio, julio, es continuamente visitado por grupos organizados de peregrinos que al final concluyen con días de fiestas como homenaje al Señor de Agonía. Y en el mes de agosto, los cobarrianos de San Lorenzo efectúan el peregrinaje al santuario de Marco y luego, las instituciones tunanteras con sus cuadrillas realizan sus presentaciones en su plaza principal.

Bienvenidos sea la tunantada en el barrio de San Lorenzo, donde los tunanteros bailaran con garbo y sentimiento. Entre cullucaras y chuterías, dejaran sus lágrimas y felicidades. ¡Upiacushun, upiacushun!

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19 de enero de 2017

Chuto nuevo, huatrila nuevo. El bautizo

El bautizo del joven chuto se realizaba en la casa de su abuelo, hogar de un viejo tunantero que había colgado su huatrila, dejando para la posteridad paginas inigualables del arte “chuteril”, de las que tendrían que beber los nuevos chutos, sobre todo su nieto, pues era heredero directo da tan connotado personaje. “Chuto nuevo, huatrila nuevo”, reza la costumbre. Por ello el bautizo.

La orquesta descansaba en el patio solariego y una multitud colorida de disfrazados departía y, entre ellos, unos jugosos chutos de quitarse el sombrero: Alejandro “Huayhuar” Artica, el gran maestro del quechua Xauxa y Lorenzo “Llullito” Mucha López, doctores en la creación de músicas y letras maravillosas; Alberto “Beto” Suárez Marticorena, el chuto que jamás dejó de lado su alegría; José “Pepe” Martínez Martínez, el hombre de la elegancia francesa; Juan “Laberinto” Suárez, dueño de una personalidad envidiable; Rodolfo “Achcar” Cordero Martínez, el maravilloso encandilador de historias; Amadeo “Pupo” Abregú, rey del palo trino; Pepe “Loco” Mandujano, narrador de un qechua fascinante; Óscar “Ocacho” Bravo Solís, un chuto titiritero como no habrá otro; Edilberto “Ebico” Balvín Povis, eximio bailarín y otros inolvidables caballeros del reino de los chutos.

En la espaciosa sala se encontraba el abuelo, enseñándole al nieto las picardías, pues la parte dancística ya la llevaba en la sangre. “Cachalunqui”, nombre de fiesta adoptado por el nieto, se había calzado las botas trabajadas en Julcán, el pantalón de su huatrila de la más fina y escogida bayeta; la blanca camisa, almidonada; el chaleco bien bordado; pañuelos de fina seda: blanco para la espalda y de colores para la cabeza; las mangas de elegante lana de vicuña; uishcata con los colores del arco iris; careta y tongo “inglés” con cintas de colores; el cacho para llevar vino; el foete, el hualqui, el charango y otras minuciosidades que el chuto debe llevar consigo para la admiración de la gente; la pipa, la singular manguerita para la rubia cerveza; la onda, y por último, el huacapincho con cabezal de plata.

Emocionado, el joven chuto realizó algunos requiebros para la aprobación o desaprobación del abuelo y, ni bien terminó la exhibición, se acercó al venerable y lo abrazó fuerte en medio de lágrimas, y le entregó un almanaque de bolsillo con la figura de una mujer exuberante para la parte frontal de su tongo y le dijo: “Hasta aquí todo está huajaypa, Cachalunquito. Cuida tu careta, tongo, charango, y huacapincho, que es lo más apetecido por los amigos de lo ajeno. No olvides que tienes que regresar y descansar, son cinco días de fiesta; bebe con límites y, si te mareas, danza con el corazón para que botes el alcohol. Al final de la fiesta, tu dedo pulgar y el índice deben de guardar el sabor de la cerveza bebida; tus dedos, índice y medio, el olor penetrante del cigarro; tus dedos, meñique y anular, el sabor del cuero de tu huacapincho”.

El nieto Cachalunqui, una vez que había tomado nota de los consejos, reparó que el abuelo había dejado de nombrar dos dedos, pues todo tenían una función en la danza, y le pregunto solícito, mostrándole los dedos pulgar y medio: “¿Y estos, abuelos?”.

El espacio retumbó en notas musicales, el violín hizo el primer llamado para la danza; el arpa contestó con su bordoneo del alma; clarinetes y saxofones, al unísono, dieron paso a la cadencia del corazón y, entonces, el abuelo, con los brazos extendidos, le dijo: “¡Medio y pulgar, hijo mío, deben volver llenos de ese aroma a retamas de una wanka hermosa, de ojos negros, como el pecado mortal!”.
Fuente: El valor del Chuto en la danza la Tunantada de Jauja, Yauyos 2014
Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle

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16 de enero de 2017

El padre de la Tunantada: Tiburcio Mallaupoma

El padre de la tunantada, ese es mi papa. Aunque murió hace 36 años, su presencia se ha hecho eterna. Más aún hoy, cuando jauja danza y la gente es feliz por toda la herencia histórica, construida por mujeres y hombres enamorados de su tierra; prolíficos artistas, sensibles y maravillosos como Tiburcio Mallaupoma Cuyubamba, mi padre.

De la unión de Hermenegildo Mallaupoma y Ana Cuyubamba, nació mi padre, el 11 de agosto de 1907, en el anexo de Iple, Parco. Pasaron solo 5 años para que mi abuelo lo dejara huérfano y en total pobreza junto a Obispo, su hermano mayor. Este adquirió un violín que desde un inicio llamo la atención de mi padre. Tenía apenas 6 años cuando quedó fascinado por el instrumento. Un día el tío Obispo lo pilló jugando con el violín. Otro día, cuando el tío iba a viajar, decidió colgar el violín en lo más alto de la casa, pero todo fue en vano: mi padre desplegó una frazada atada a cuatro estacas e hizo caer el instrumento, pero el hermano lo sorprendió una vez más.

- Ya puedo tocar este violín – dijo Tiburcio, temeroso.
- A ver – desafió Obispo.

El violín desapareció a los pocos días y Tiburcio no lo volvió a ver nunca más. Mi padre habría adquirido entonces el deseo de tener su propio violín.

A los 7 u 8 años, en enero, mi padre partió a Jauja, a pie, para vender huevos en su quipecito. Al llegar a Yauyos fue sorprendido por una orquesta de músicos. Ahí estaba el violinista Villarruel de Huaripampa. Al verlo humilde y desalineado, los músicos se burlaron y lo empujaron, provocando que los huevos se rompieran.

Visitando a su abuelo Aurelio, en Paccha, encontró un violín abandonado en la casa y sin cuerdas. Mi padre tendría unos 10 años y vio en aquella visita la posibilidad de armar su propio violín. Su abuelo le pidió cinco soles, un monto elevado para mi padre, pero ahí estaba la oportunidad. Su madre aceptó otorgándole 2 soles y 50 centavos. Apareció entonces Virgilio, el otro hermano, mi tío, que trabajaba en la mina. Mi tío Virgilio colaboró con la restante y el violín, por fin, yacía en las manos de quien más adelante llegaría a ser el padre de la tunantada.

Él mismo contaba que se pasó la noche instalando sus dos primeras cuerdas que provenían de una guitarra. Las otras dos cuerdas graves fueron adaptadas con tripas de carnero. El arco se construyó con un palo de "milo". Quince días después, don Germán de la Cruz, natural de Pachascucho, se convierte en su primer maestro. Le enseña a afinar y le vende un arco usadito.


A los 3 meses nomás, Tiburcio ya tocaba de oído algunas canciones conocidas en La menor. Sorprendentemente es solicitado para una herranza en Ipas en temporada de carnavales. Muy alegres, los asistentes exigen al joven músico tocar el huaino llamado Verde monillo. Pero Tiburcio tenía pocos temas en el reportorio. Por poquito y lo botan. Felizmente recibió el pago prometido: un cordero negro con cachos. Y así poco a poco lo pidieron en zafacasas, matrimonios, cumpleaños, bautizos.

Tenía 13 años cuando recurre al maestro Felipe León, en Yauyos; luego al profesor Roberto Caro, director de la banda del colegio San José. Por fin conoce la verdadera posición con la que se toca el violín, las notas musicales, las escalas, tonalidades, compases. Con la teoría encima y 16 años a cuestas, el maestro Sabino Blancas lo contrata para tocar en Orcotuna, en la fiesta de la Virgen de Cocharcas. Mi padre cae muy bien y recibe el aprecio de los aficionados. Poco a poco va conociendo otros lugares como Cerro de Pasco, donde bailan chonguinada; y va conociendo a músicos famosos como Ascario, Pastor Díaz y Juan Quiroz. También fue viajando para tocar primero en Marco, luego a Chocón, también Xauxa Tambo, después Muquiyauyo, Huaripampa, Tarma, Junín y varios lugares de Huancavelica. En 1930, cuando mi padre tenía 22 años, forma el conjunto Centro Musical Jauja, organizado por el doctor Víctor Manuel Vásquez. Fue una orquesta que no tuvo rival. En 1932 funda su orquesta, denominada Los Líricos de Jauja, junto a Virgilio Mallaupoma, José Canchari, Miguel Rojas, Teodoro Rojas, Sabino Hinostroza, Eusebio Arenales, Hilario Torres, Canchaya y Chuto Terrazos (quenistas), y Pablo moreno (arpista). En 1938, la orquesta se afianza pero ya con el nombre de Lira Jaujina, esta vez con León Mallma, Esteban y Tomás Palacios, Emilio Beltrán, Oswaldo Misari, Sergio y Anasto Mayta, Teodoro Rojas, Oswaldo Vílchez, Domingo Canchari. Al poco tiempo realizan su primer viaje a Lima, contratados por Ponciano Iporre, para amenizar una fiesta deportiva organizada por los residentes de Masma. Para el evento, anunciaron su presentación en emisoras radiales, tocando temas de autoría de mi padre: Perdón y olvido; Bajo el monte; Basta, corazón, no llores; Mala hierba; el Caminito de Huancayo; Ladrón de amores, también los yaravíes con sus respectivas cachuas.

La orquesta típica Lira Jaujina fue invitada, en 1950, al Ministerio de Educación en Lima por José María Arguedas, para grabar discos gratuitamente. Al año siguiente, participó en el gran concurso de Amancaes. Aquella vez, ganaron y recibieron mil soles de oro pero no fue la única ocasión. Al año siguiente, el Concejo de Rímac también los premió con la misma suma y radio Excelsior de Lima les otorgó una medalla de oro y pergaminos en reconocimiento a su excelente trabajo musical. Desde entonces, no pararon los éxitos en coliseos y plazas. La consagración de la Lira Jaujina se consolidó frente a orquestas de Huancayo, Tarma y Cerro de Pasco. Los reconocimientos sumaron alrededor de 300 trofeos, 500 pergaminos y más de 1000 temas propios. Mi padre declaró, ante Apdayc, más de 300 composiciones.

La Lira Jaujina fue reconocida en 1963 por la Casa de la Cultura del Perú; a la vez, Tiburcio Mallaupoma fue nombrado "Recopilador de la música folclórica del centro". Su producción fue grabada en varias disqueras: MAG, Virrey, Philco, Iempsa, Sono Radio. En algunas, recibió réditos, en otras no. Su amor por la música trascendía los beneficios económicos. Pero no solo ello, mi papá también compuso vals y paso doble. Cuando dejó la Lira Jaujina, esta iba por la cuarta y quinta generación. La mejor de todas las generaciones que tuvo la orquesta de mi papá, fue en la década de los 70, donde se define el Trío de Oro, pues conformaban la orquesta don Julio Rosales, Teodoro Blancas y Juan López. Fue todo un récord de ventas para la disquera Virrey con los LP Sin rival y Serenata jaujina. Mi papá también dejó discípulos legítimos como Silvestre Limaylla, Cresencio Marcos, Jesús Palacios, quienes por coincidencia, llegaban juntos a Iple. Todos terminaban cultivando maíz y estaban muy bien preparados para ganar concursos de orquestas en el Coliseo Nacional en Lima.

Uno de los principales méritos de mis padres es haber puesto la "tercera" del huaino en la tunantada, pues antes se tocaba la primera y segunda, luego se volvía a la primera dos veces y fin. Pero es él quien pone la tercera parte al huaino, que se considera la "principal", incluso para poder zapatear en la octava. Esta es una de las razones por las que mi padre es considerado, con justo derecho, Padre de la tunantada.

Don Tiburcio, mi padre, también es el primero en incorporar un saxofón a la orquesta. "Tú tienes la culpa, ahora hay más de quince, puro chimeneas es la orquesta", le decía don Leoncio Mallma a mi papá. La Lira Jaujina es la primera en incluir a un vocalista, preclaro cultor de mulizas y huainos: Juan Bolívar Crespo. Luego tocaron junto a Picaflor de los Andes y Flor Pucarina. Nunca Hubo problemas en compartir temas con los más grandes intérpretes de la región. Mi padre era tan generoso que regalaba alguna de sus composiciones: Lágrimas de madre, a don Esteban Palacios; Caminito de Huancayo, al doctor Virgilio Reyes, quien escribió la letra; Sombrerito jaujino, a Fredy Centy (Pacharaco); Llorando en Pachamalca, a Fortunato Quintana; Jara Arteaga, a Juan bolívar; y varios temas a Picaflor de los Andes.

Cuán grande sería la consideración y el respeto a mi padre por su gran espíritu benevolente, cuando prestaba dinero, compartía alimentos, que plantaron chaguales en los cerros previniendo su protección. Tiburcio Mallaupoma Cuyubamba, mi padre, el Padre de la tunantada, falleció el 2 de enero de 1978, en La Oroya, debido a una insuficiencia renal. De su primer compromiso con Fortunata Ninahuanca nacieron 3 hijos: Ligoria, Hever y Enma Mallaupoma Ninahuanca. Cuando enviudó contrajo un segundo compromiso con Ricardina Nonalaya, y con ella tuvo seis hijos: Ida, Sofía, Tiburcio, Edith, Ana y yo, Jaime, que he decidido seguir sus pasos y mantener vigente a la orquesta Lira Jaujina.

Actualmente los restos de mi padre descansan en su tierra natal, Iple. Allí llegarán los músicos y amantes de la tunantada, quienes reconocen el valor de mi padre. Sin embargo, aún hay un sabor amargo pues ninguna autoridad le otorga el homenaje debido. Mi padre partió hace 36 años pero su presencia imperecedera vie en el rinconcito de cada corazón jaujino con una muliza, un huaino o un canto eterno impregnado en el pedacito de cielo.
Fuente: Tesis “El valor del Chuto en la danza la Tunantada de Jauja, Yauyos 2014”
Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle

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11 de enero de 2017

Con cariño, para esos “opinólogos” y “tunantólogos”

Su mirada desorbitada llevaba gran admiración, pues era la primera vez que el turista gringo, Mr. Douglas, asistía a ese ritual de vestirse de chuto o cullucara. Precisamente ahí se encontraba Killincho, mostrando a sabios y profanos la galanura y elegancia que poseen los que han heredado el arte de la chutería, porque, a decir verdad, aquel que no tiene prosapia, así se vista con el traje más elegante; así hable cinco idiomas, jamás será un buen cullucara de chispazos hilarantes, de jocundias improvisadas; que invente versos pendencieros o sentencias filudas; que componga canciones llenas de alegría y ternura; para que, entre juego y juego, pueda escarbar las conciencias sucias, o premiar con un fuerte abrazo al que se lo merece.

En esas circunstancias, Mr. Douglas, interesado por este personaje tan especial, preguntó acucioso a Killincho, quien se alistaba a ponerse la vestimenta:

- ¿Es ciertou mi cullucarra chourrupaquitou que durante the coulouniaje ya se bailaba este tunantada?

- Manan, Mr. Douglaschay, manancancho- respondió el superabundante Killincho-. ¡No! Eso lo han inventado los estudiosos que solo conocen por terceras manos, que nunca han indagado entre los ancianos y ni siquiera bailado, para hacerse famosos a costa de los ignorantes. Que no te den ha cachcar. Esto catedráticos vienen aquí a la plaza solo cinco minutos para ver la fiesta y luego se reciben de doctores en chuterías.

- Perou, estos calificadous mentes afirman que los choutitous decentes representan a los gamounales y los otros al yanacounaje, ¿es cierto, don killinchitou?-, seguía preguntando Mr. Douglas.

- Esos piratas académicos aprovechan de sus alumnos universitarios; ellos, los estudiantes, son los que recogen los datos de tal o cual danza y después los sesudos catedráticos dicen que han investigado. ¡Abusan porque son doctores! En los pueblos de los xauxas rajatablas,- continuó el pintiparado chuto- jamás ha existido haciendas ni grandes latifundios. Aquí hasta el menos favorecido por la suerte ha tenido, y tiene, su pequeña parcela donde sembrar papita y cosechar lágrimas, taytay.

- Perou, tu mascara tiene the eyes de color celeste, chutiou pendejitou- le volvió a preguntar el gringo Douglas; y este respondió: Eso es porque teníamos que burlarnos de los Jatchra Misters que llegaron a principio del siglo, picados por la tuberculosis, Misters.

- Volteando el tortilla, chutitou, los que usan botas son los decentes, y los que no tienen ¿son hijos de tayta ccouras?

- Otra gran invención gringocuna, entonces, ¿los que usan shucuis, son chutos indecentes? No, Douglitas. ¡No! El que usa shucui es un chuto más decente todavía. Cuando se conversa con ellos hay que sacarse el tongo por respeto. Es una sorpresa de finura. Cuando baila, el viento danza con él, casi sin pisar el suelo. Hay académicos que le han encontrado un paso especial, y eso no existe, porque el chuto es libre de bailar como le dé la gana, por eso es rajatabla.- Explicaba emocionado el Killincho.

- ¿Y este tripita para que sirve, choutitou?, - volvió a preguntar Mr. Douglas-. <<Esta tripita es nuestro mejor aliado para que nadie nos descubra. Permanecer incognito, ese es el asunto que debe quedar en el misterio, Mister Douglas>>.

- Dicen también que los coullucarras que llevan en las manos un courroutitou, ou uno guagua, son marricuetous?,- preguntó Mr. Douglas, como un verdadero agente de la CIA.

- Manan canchuta, gringocuna. Nosotros llevaremos esas guaguas como si fueran nuestros hijos, para enseñarles a los más lutipucos la esencia de nuestra fiesta, el espíritu de nuestras tradiciones. Por esto, los cuucaras reciben el calor del pueblo, la ternura, la familiaridad, el sentimiento con que estamos unidos.

De pronto, ante la catedra de Killincho, la conversación se detuvo y toda la gente de casa desapareció, pues salieron a la calle a buscar un shucui número 52, para Mister Douglas.
Fuente: Tesis “El valor del Chuto en la danza la Tunantada de Jauja, Yauyos 2014”
Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle

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13 de noviembre de 2016

Gran documental “El Huatrila de Sausa – Tambo”

A un año de su publicación, presentamos este documental con el único fin de difusión cultural y que sirva de inspiración para que las siguientes generaciones mantengan la tradición de nuestros pueblos, y como  homenaje a todas las personas que, sin proponérselo, continúan haciendo de la tunantada de Sausa - Tambo, una expresión viva.

Al igual que en los demás distritos de la provincia de Jauja, en el distrito de Sausa practican la tunantada, teniendo una expresión propia en el personaje del “Huatrila”, ejecutando un estilo propio que ha sido reconocido por su propio pueblo y por los demás cultores de la Tunantada.
Fuente: Xauxaperu

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2 de noviembre de 2016

La Tunantada, candidata 2017 al premio “Princesa de Asturias” de las artes - España

La Tunantada es una de las expresiones culturales más importantes de la provincia de Jauja Perú, se constituye en un baile ambientado en tiempos de la colonia como una manifestación de carácter plural y multiétnico reconocida según Resolución Viceministerial Nº 076/2011 VMPIC-MC del 21/01/2011 como patrimonio cultural del Perú por su historia y originalidad.

Su representación data desde 1,550 hasta fecha habiendo traspasado fronteras del Perú donde manifiesta su colorido en las vestimentas de cada bailante, así mismo este baile tiene como característica fundamental en cada representante su actuación y dialogo constituyendo una parodia española. Al momento de la ejecución del baile se plasma en una cuadrilla de bailarines enmascarados y disfrazados, donde cada participante baila con sentimiento y estilo propio, al ritmo de las melodías de una orquesta típica manteniendo la tradición e identidad del mestizaje de la cultura Xauxa con influencia latinoamericana y europea.

En cada Cuadrilla de bailantes se pueden distinguir hasta 11 personajes con una coreografía muy singular siendo el complemento del baile expresar sentimientos y vivencias donde “no caben comparaciones, competencias o concursos”. Los estudiosos de la cultura Xauxa a la fecha concluyen que en 19 distritos de la provincia de Jauja se practica la tunantada con sentimientos y vivencias colectivas donde cada pueblo expresa particularidades propias y colectivas.

Desde el año 2011 a la fecha la tunantada ha crecido exponencialmente entre un 300 a 350% por su riqueza cultural, generando un impacto socio cultural y una cadena de valor de la cultura milenaria Xauxa, donde todos sus actores de forma directa e indirecta se preservan la identidad asegurando el futuro a través de proyectos sociales, personales, empresariales para mejorar el presente y futuro como personas y sociedad.

Por todos estos atributos inherentes a la tunantada con su organización, sus personajes, vestimentas, correcta difusión, sociedades, instituciones, ejecutores, entendidos de la tunantada, asesores, investigadores, historiadores, artesanos, joyeros y otros participantes del quehacer tunantero, la Asociación Cultural “Jauja 2034” en asamblea ordinaria decide presentar a este laureado y connotado baile mestizo como candidata al premio “Princesa de Asturias” de las artes 2017.

Por tal motivo y en virtud al protocolo de hermanamiento firmado entre la Ciudad de Trujillo (España) y Jauja (Perú), para poder fortalecer la unidad y cooperación en el ámbito cultural turístico como fuerza integradora, se presenta el día 18 de noviembre de 2016 en el Teatro Gabriel y Galán de Trujillo - España, el patrimonio cultural de la Provincia de Jauja - Perú, a través de la Tunantada como expresión cultural de los pueblos, además de contar con la actuación de la artista Karen Riques. La entrada es gratuita.

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21 de enero de 2016

Jauja – Yauyos deja de caminar para danzar por nuestra Tunantada

Ya es tiempo en que los vientos del valle del Mantaro se mezclan con las melodías melancólicas de las orquestas y que llenan el universo de Jauja – Yauyos con tonos telúricos para robar muchas alegrías y lágrimas, mientras dibujamos con nuestros pies las costumbres heredadas de nuestros antepasados.

Emergerán diversidades de caretas, atuendos antiguos y bordados multicolores, lenguajes nativos, movimientos elegantes y otros pícaros para representar a la clase social de la época colonial.

No solo es una danza, es más que movimientos. Es una expresión completa de danza y teatro andante que nos transporta años atrás, donde cada uno de sus actores convertidos por sus atuendos y caretas en personajes coloniales, dan rienda suelta a su arte, a su elegancia y a su sátira. A través de su lenguaje y canto nativo, y sus gestos, van dibujando en el suelo y en el cielo toda la historia de los yauyos – kumu.

Es una danza de sentimiento, en el que muchos corazones tunanteros se ponen a llorar, aunque a veces no se les ve porque están cubiertos por sus caretas, pero si sollozan. Es un sentimiento hecho tradición, porque lloran de felicidad y también de tristeza, por ellos mismos y porque no, en memoria de algún ser querido.

Por eso tunantero, si esta vez me ves llorar, no, esta vez no es por el amor de una mujer, ni por despecho; sino porque estoy henchido de felicidad y lleno de sentimiento, porque mi corazón siente, porque mis pies danzan, porque mis manos se liberan y porque tengo un nudo en la garganta, que solo me hace expresar con gestos. Porque sé que todo tiene un inicio y un final; que ahora estoy con ustedes, pero muy pronto tendré que partir sin decirte adiós, porque es mejor así, porque duele menos. Porque sé, que también regresare el próximo año…

¡Bienvenida seas, su majestad, y feliz Tunantada 2016!

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20 de enero de 2016

Considerandos acerca del diseño floral y del ajuar femenino tunantero, entre otros

Nora B. Balvín Lazo, UNMSM
La tunantada es un baile grupal que recrea la etapa colonial que se vivió en el antiguo valle de Jauja, con la justificada presencia de varios personajes como la del huatrila, el chuto decente, el chapetón o español, la jaujina, la huanquita, la sicaína, el argentino o tucumano, el jamille o boliviano, el chuncho o selvático, entre los principales. A pesar que no hay precisión del lugar y la fecha exacta de su origen, sin embargo se puede deducir que este baile recrea sobretodo el intercambio comercial que se produjo entre estos personajes en Jauja en esa etapa de su historia.

Asimismo sabemos que esta multitudinaria fiesta es celebrada en honor a los santos patronos San Fabián y San Sebastián, de este último tenemos noticias que hemos cogido de un archivo limeño, de que por ejemplo, en el último tercio del siglo XVIII se le festejaba con misa, función y aniversario en “la Matris de la Doctrina de Santa Feè de Atun Jauxa”, y también en el “Anexo de Guala”. Mayor alcance al respecto no es la finalidad del presente por ahora, más bien se busca brindar alcances que ayuden a poder entender y respetar ciertos elementos y motivos importantes y distintivos en la vestimenta de algunos de estos personajes.

Por ejemplo, un posible antecedente al huatrila o indio xauxa, en sentido coreográfico, lo tenemos en el dibujo de Leonce Angrand del año 1838, que él anota como “Paseo de Alfereses” (sic), destacándose un indio adulto que va bailando delante del conjunto de personajes, ejecutando un singular movimiento con el pie izquierdo, que aún hoy vemos que ejecuta el huatrila, lo cual seguramente llamó la atención del dibujante francés, el cual supo captarlo para la eternidad. Asimismo en esa misma escena podemos visualizar la vestimenta que usaban diferentes personajes de la sociedad jaujina de ese entonces, todo ello antecedente del atuendo típico de la tunantada.

Leonce Angrand registró este dibujo como "Paseo de Alfereses", (1838)
El rango que había dentro de este conjunto de personajes (indios, mestizos y españoles) se puede distinguir a través de los ropajes que usan, acompañados de músicos y bailantes.

 "Cholita Jaujina" (1880)
Dibujo de Charles Wiener
Nótese la elegante lliclla sin diseños florales.

Ahora centrándonos más respecto del surgimiento del motivo floral en la vestimenta tunantera en el tiempo, podemos decir que esta habría aparecido en las primeras décadas del siglo pasado, y que su elaboración habría tenido cierta vinculación con las antiguas zonas obrajeras del valle del Mantaro en la colonia.

Como se observa en el dibujo de Angrand y también en “Cholita jaujina” de Charles Wiener de 1880, no se visualizan esos diseños, que desde su aparición se han constituido en el sello distintivo de la tunantada, que la hace única frente a los otros bailes y danzas del Perú.

Iconográficamente, en los inicios de su trayectoria lo vemos en el atuendo femenino y poco a poco se va insertando también en la del chonguino o español, paralelo con el del chuto decente, con diseños pequeños y que llevan un orden, las que podemos observar en fotos desde la década del 20 del siglo pasado, distinguiéndose las llicllas pintadas del personaje de la jaujina que también por esas épocas habría surgido.

"Los enmascarados del baile de los Tunantes", 1922. Revista Variedades. 

"Una calleja de típico aspecto", 1922. Revista Variedades. 

Conjunto artístico de Tarma presente en las fiestas de San Juan en la Pampa de Amancaes en Lima., 1928. Revista Variedades. 

El posterior abigarramiento floral también habría tenido su proceso, sobretodo en la zona sur de Huancayo, en Chupaca, Hualhuas, Cajas, entre otros. Los primeros diseños se elaboraron a mano, luego a partir de la década del 80 se industrializó. Las rosas fueron lo que más se representaba sobre las mantas de la huanquita, cuya característica era su gran colorido y tamaño, con los bordes de los pétalos doblados que nos recuerda los diseños pictóricos coloniales cuando intentaban cierta tridimensionalidad, acompañados de otras representaciones zoomorfas como pavas, picaflores, aves, entre otros; ya después se insertó en la manta el nombre de la dama que la llevaba, y posteriormente de la agrupación a la que pertenecía la bailante. Los motivos florales en el pantalón corto del tunantero peninsular y en el chaleco y pantalón corto del chuto decente fue discreto, en la década de los 80s al igual que en las prendas femeninas señaladas, su distinción y notoriedad se hizo inminente.

La representación floral sobre estas mantas es probable que haya tenido como antecedente el diseño que se hacía en los mantos de los santo/as patronos de los pueblos de los andes, de influencia española. Estaría simbolizando agradecimiento y gratitud por la vida, y nos recuerda la forma de los labios protuberantes del huatrila, como también del chuto decente, y por ende estaría guardando cierto trasfondo sexual. Y en relación a este último personaje, es la cinta rosada que lleva en el tongo sobre la cabeza la que mantendría vigente esa diferenciación milenaria que había entre la etnia xauxa y la huanca, registrándose por ejemplo, en la crónica del peninsular Pedro Pizarro que “Los Xauxas traen una fajas coloradas alrededor de las cabezas, de anchor de una mano; los Huancas las traen negras”. En la actualidad esta cinta la combinan con otros colores.

Asimismo, otras prendas que son parte del ajuar distintivo que lucen las damas tunanteras estarían guardando también cierta jerarquización social dentro del grupo de tunantes, ya que cuanto más antigua es la prenda que se exhibe se estaría reflejando una condición diferenciadora frente al resto del grupo, ya que por lo general son objetos heredados y que en su momento también tuvieron un valor intrínseco complejo. Es así que, por ejemplo, el pañuelo y las joyas que se lucían antiguamente eran auténticas y sólo se las sacaba para lucir su prestancia en dicho baile grupal, y desde hace un tiempo a esta parte se observa que las bailantes tunanteras -que por cierto ahora son ejecutados en su mayoría por mujeres-, distorsionan su tradicionalidad por desconocimiento del mensaje simbólico que guardan.

Por ejemplo, el pañuelo blanco cuanto más delicada era su elaboración representaba la jerarquía social de quien la exhibía, y por lo tanto, el linaje de quien la portaba estaba en consonancia con la finura de los materiales y de su fabricación en sí, lo cual deviene de la época virreinal. Ahora las usan muy largas, de diferentes colores y hasta con estampados. En cuanto a las joyas, estas eran discretas sea en oro, plata y/o en piedras preciosas, y la huanquita exhibía la pechera llena de auténticas monedas antiguas.

Hoy también ya se observa que las ejecutantes tunanteras han incorporado unas carteras de tonos metálicos, cada vez de más grandes, ocasionando muchas veces que el pañuelo que vea relegado. En ese sentido, la pechera y sobretodo las joyas como los aretes, prendedores, anillos, pulsera-brazaletes, han incrementado sus dimensiones y en su mayoría son bijouterie de fantasía, con una combinación de materiales y colores que no está acorde con el buen y pulcro gusto de antaño.

Un ejemplo de bordado antiguo hecho a mano en el traje de la huanquita 

La tradición de un baile y/o danza es el respeto por el mensaje simbólico que guarda cada elemento o pieza del conjunto, y es obligación que tanto el ejecutante como el espectador estén correctamente informados de su significado, porque de eso dependerá su acertada permanencia y continuidad, y por ende su declaración como patrimonio cultural de la Nación.
Tomado del Blog de Nora Balvìn (2009)

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