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Jauja, donde pagan a los hombres por dormir, fustigan a los hombres que insisten en trabajar, los árboles son de tocino y sus hojas de pan de fino. Las calles están adoquinadas con yemas de huevo y lonjas de tocino, asadas y fritas...

8 de mayo de 2016

Feliz día de la Madre, Feliz día mamá Julia

Cada segundo domingo de mayo es un día muy especial, en cada hogar, en cada familia, cerca de Jauja o desde un lugar lejano, siempre festejamos el día de la madre. Algunos lo hacen con un recuerdo guardado en el corazón y a veces acompañado de una ofrenda floral porque se encuentra en el cielo. Otros, que tenemos la dicha de tenerla presente, aunque a veces lejos, nos comunicamos telefónicamente para saludarla o viajamos para estar a su lado y rendirle homenaje como se merecen, porque ellas si son capaces de dar todo por nosotros.

Nuestras madres son ángeles enviados por Dios que nos cuidan desde que nos cobijan en su vientre hasta que se van a la gloria. Después se convierten en madres celestiales junto a Mamallanchic para protegernos desde el cielo.

En la historia de Jauja existen muchas mujeres que hacen digno de este ser, especialmente cuando llegan a ser madres; como Mamá Julia, Mamá Panchita, Mamá María, Mamá Ichaco, Mamá Shanto, Mamá Cata, Mama Pompa, Mamá Cuty, Mamá Tomasa, Mamá Goya, Mamá Asunta, Mamá Berna, Mamá Dolores, Mamá Nieves, Mamá Clavelina, Mamá Augusta, Mamá Florentina, Mamá Cleodomina, Mamá Clementina, Mamá Gertrudis, Mamá Divina, Mamá Rosaura, Mamá…sería muy extenso la lista para nombrar a todas, mil disculpas. Madres que siempre hicieron historia al lado de sus esposos, o solas, sacando adelante a su familia, muchas veces en silencio y mitigando el dolor para no quebrarse delante de sus hijos.

De pequeño siempre me preparaba para este día, ahorraba mis propinas para comprarle un regalo. El domingo, después del desayuno salía a la feria que antes se realizaba en la Plaza de Armas y en las calles de los jirones Junín y Grau a buscar su regalo. Casi siempre después de dar muchas vueltas llegaba a las tiendas que se ubican en la entrada del mercado municipal. Habían regalos como una jarra de vidrio con vasos envueltos con papel celofán y demás utensilios del hogar, en la sección de florería se preparaban hermosos ramos de rosas rojas alusivos al día de la madre.

Con mi regalo en mano, regresaba a casa e ingresaba sigilosamente para no ser visto por mi mamá. Ordenaba la sala ubicando mi regalo a la vista de ella para que cuando ingresara pudiera verla. La esperaba aprovechando en mejorar cualquier detalle que obviaba. Cada vez me ponía más nervioso y trataba de no olvidar las palabras de saludo y agradecimiento que me había aprendido. Cuando llegaba mi mamá y se encontraba con mi sorpresa, podía notar su emoción; frente a frente nos mirábamos, había un momento de silencio y al no poder pronunciar ninguna palabra corría a su lado para abrazarla con fuerza y solo atinaba a llorar embargado por la emoción. Sentía un nudo en la garganta que me imposibilitaba pronunciar mi pequeño discurso, a veces ni siquiera podía decir un ¡TE QUIERO!; mi mamá comprendía mi emoción y mi llanto que me consolaba dulcemente agradeciéndome por el regalo.

Nunca pude superar ese defecto, siempre se me hizo difícil decirle en palabras lo mucho que la amo y lo orgulloso que estoy de ella. Hasta ahora, con los años venidos, siempre hago el esfuerzo de pronunciar unas palabras y termino rápido cuando siento que mis ojos se ponen cristalinos al punto de derramar una lágrima. Por eso, prefiero más a los hechos que a las palabras.

Recuerdo el momento cuando aprendí a valorar más aún a mi mamá. Un día, despojándose del cariño que me tiene, aceptó con dolor mi decisión de partir a Lima en busca de mejores oportunidades que lamentablemente Jauja no me brindaba y me ayudó a realizar mi cometido. Había terminado el colegio y como la mayoría, tenía que emigrar, aunque Lima no me recibía con las manos abiertas, sino llena de incertidumbre porque no sabía a donde llegaría a vivir con exactitud, pero eso no importaba y tenía que partir. La noche de mi partida no fue cualquier noche en mi vida, salí de casa llevando poco equipaje, solo algunas prendas para mi muda, pero si llevaba un cargamento de muchos sueños y metas por cumplir. Cada paso que daba me separaba más de mi casa y cada vez mi avanzar era más lento tratando de no alejarme, pero era inevitable. No fue fácil dejar a mi familia que hasta ese momento era mi mundo y significaba todo para mí; a los amigos con quienes compartimos momentos de estudios en el colegio, muchas aventuras y noches de tertulias; los juegos de Basket en la liga de Jauja con nuestro equipo “Club Deportivo Power”, el "Power Campeón ‘84"; las travesuras que hicimos y a los primeros amores vividos, que ahora guardo en mis recuerdos.

Solo mi madre me acompañó hasta la agencia el "Sudamericano", antes de subir al ómnibus me dio su bendición, una caricia y el primer abrazo de despedida, era la primera vez que viajaba a Lima y sin saber cuándo regresaría, era la primera vez que dejaba mi hogar y sin saberlo, era para siempre. A los dos nos invadía la pena, pero ella se mostraba serena porque sabía que no le defraudaría, tuvo ese instinto de confianza que mi padre no supo tener en ese momento, al menos eso me demostró mi padre cuando no estuvo de acuerdo con mi decisión de viajar a Lima. Tampoco estuvo en mi despedida, tuve la esperanza que llegara antes que partiera el ómnibus, pero nunca llegó. Entiendo que a veces y en los momentos más cruciales, las madres son más heroínas que los padres. Mi padre me quería, pero no tuvo el valor de verme partir, capaz por ser el hijo mayor, no lo sé; pero por más pena que yo sentía esa noche tuve que viajar. Ya en camino, de rato en rato, miraba por la ventana como dejaba atrás muchos lugares que conocía, con lágrimas y en silencio recordaba muchas cosas vividas que se perdían en la oscuridad de la noche. Fue una noche larga que no pude dormir y fue esa noche que mi madre me dio el mejor de sus regalos: ¡Mi Libertad!

En Lima pasé muchas peripecias y sufrimientos, sentí la ausencia de mi madre cuando vivía solo, mudándome de un lado a otro sin tener el cariño ni el cuidado que ella me daba. A veces, cuando me faltaba un plato de comida, recordaba su exquisita sazón y abundante comida que me tenía acostumbrado. Un estofado o un guiso de carne que siempre preparaba con grandes presas de carne y papas cortados por la mitad, no en rodajas y poca carne como acostumbran a servir en los restaurantes de Lima. También las sopas y caldos las prepara con abundantes carnes, fideos, verduras y casi enteras sacándole provecho a la abundancia que nos brinda nuestro paraíso jaujino. La extrañaba demasiado, pero no podía regresar porque aún tenía mucho camino que recorrer y recién empezaba.

Ahora con el pasar de los años, no es la primera, tampoco la última vez que viajo a Jauja para estar a su lado. Más aún si es un día especial, no me importa si el pasaje esta elevado o el trajinar de llegar y regresar el mismo día mella mi físico. Quiero aprovechar que está viva para darle muchos abrazos y sentir su cálido cariño y no tener ese encuentro frío al pie de su tumba.

Cuando regreso a casa siempre recibo su especial atención porque sabe que mi estadía es por unos días. En la madrugada siempre está atenta a mi arribo sin poder dormir, cuando escucha que golpeo la puerta se levanta presurosa tratando de ganarle al tiempo con su agilidad pérdida por los años que pasan. La espero en pleno frío y con los cantos de los pajarillos; mientras observo el patio principal y alrededores de la casa, que a esa hora se encuentra llena de soledad y a mi mente vienen los recuerdos gratos vividos, también algunos desagradables, aunque pocos, pero no los puedo evitar. El sonido de sus pasos cada vez más fuerte rompe mis recuerdos y al abrir la puerta nos entregamos al cariño que nos tenemos con un intenso abrazo, en ese momento cierro los ojos y en ese instante siento que aún sigo siendo un niño y que ella es la madre de siempre. Un beso en la mejilla y como es de costumbre, siempre pregunta cómo me encuentro, si el viaje fue tranquilo y porqué demoré, me invita a pasar y abrigarme con una manta que me tiene esperando en el sofá. Nos sentamos y puedo contar sus años en sus arrugas, en sus canas, pero su amor nunca envejece. Conversamos un momento y luego se interna en la cocina a preparar el desayuno; si no tiene listo una Patasca que cocinó la noche anterior, se pone a preparar un “Yacuchupe”, apura a mi padre para que compre pan de huevo y bollo para matizar la mesa. Lo mismo sucede a la hora del almuerzo, pregunta que deseo comer y se esmera en preparar. A veces salimos toda la familia a un restaurante campestre y siempre está pendiente de la comida que nos sirven, reclamando sino está bien preparado, porque es muy especial con su sazón, porque es una madre muy exclusiva.

Cuando es un día especial como el Día de la Madre preferimos ir a la casa de Paca a preparar una pachamanca, mi papá siempre nos espera con el horno listo para encender las leñas. Me encanta demasiado esa idea, porque es pasar un “día jaujino” al natural y rodeado de la familia. Mi padre con su conociendo se encarga de hacer los preparativos para la pachamanca, nosotros le ayudamos y aprendemos porque ya estamos próximo a tomar la posta. Cuando el fuego del horno esta candente me doy tiempo para arreglar el jardín y recorrer los diferentes ambientes de la casa. Tiene una pequeña cocina donde hay una bicharra y ollas de barro, el complemento necesario para preparar una deliciosa comida con sabor especial cuando se cocina con leña. Sigo caminando y mirando plácidamente las paredes de adobe, el tejado envejecido por el tiempo y por la soledad porque nadie la habita, subo al segundo piso por la escalera de madera fabricado por mi padre, es un ambiente grande de una sola pieza con piso de madera, por las ventanas se puede observar los árboles de eucaliptos que adornan el hermoso paisaje del pueblo y que llega hasta las orillas de la laguna. También se puede apreciar parte de la casa, como el pino que ha crecido imponente y que sobresale del techo de la sala, ahora es como un guardián y protector de la casa; los techos de teja con doble caída, las vigas de maderas, las paredes de adobe, los pisos de tierra, el patio con pasto natural y las puertas de madera que le dan un aspecto rústico a la casa. Está lleno de encanto porque en su mayoría fueron fabricados y labrados artesanalmente con las manos de mi padre.

Regreso donde mi padre porque las piedras del horno ya están calientes, ayudo a separar las piedras candentes, después con mi madre y demás hermanas colocamos las papas, las variedades de carnes, las humitas y por último las habas. Cubrimos totalmente el horno con hierbas y tierra de Paca, hago una cruz con dos maderos y la coloco en la cima del horno. Luego nos sentamos en el medio del patio para hacer un brindis por mi madre con unas cervezas y conversar sobre nosotros, como nos encontramos y haciendo planes futuros hasta que llegue la hora de servir y comer con deleite la pachamanca.

De regreso a Jauja sé que mi estadía se termina, es inevitable, porque llega la hora de la despedida, complacidos por ese maravilloso día que pasamos y que ahora quedará en el recuerdo de cada uno de nosotros. Siempre al partir me voy con la mirada triste de mi madre, pero orgullosa a la vez; espera la hora de mi partida y me da un abrazo con sus bendiciones. Sabe por ahora que mi lugar está en Lima y aunque estamos separados por la distancia, ya aprendimos a superar ese obstáculo, porque nos llenamos de esperanzas y promesas que muy pronto nos volveremos a ver.

Yo vuelvo a repetir la misma escena de mi partida, prefiero caminar hasta el terminal para abordar el bus, a veces despidiéndome de las cosas que dejo en cada paso de mi camino, a veces pensando en lo vivido que ahora serán recuerdos, a veces mirando un lugar que guardara un recuerdo. Así me alejo físicamente cada vez más, pero siempre me quedo sentimentalmente con mi familia, hasta el día que tenga que regresar y prometo que será muy pronto... ¡Mamá Julia!, gracias por ser la madre que eres y TE AMO mucho, viejita linda.

18 comentarios:

  1. Anónimo5/6/09 14:43

    Me encanto el relato

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  2. Recorde buenos momentos con tu relato

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  3. Ely Penaloza5/6/09 15:02

    Felicitaciones por el artículo y por el Blog también, tener noticias de nuestra querida Jauja hacen que nos sintamos un poco mas cerca de ese lindo Pedacito de Cielo, abrazos desde Brasil.

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  4. Es una narracion que cautiva por su fluidez, sentimiento y tal realismo que siento estar viviendo el instante que describes.

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  5. Anónimo12/8/09 8:17

    muy hermoso loq escribiste querido amigo hector,senti mucha emocion, a quien mas se le puede escribir algo tan lindo slo a nuestra madrecita...te felicito
    carmen

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  6. buena Macko, te felicito por la narración, cada vez estas mejorando y espero leer mas publicaciones tuyos

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  7. Hector, al leer este relato me recuerdas a mi niñez y me inspira a querer escribir todo lo que nuestros padres nos relatan, y van quedando al olvido. Suerte amigo.

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  8. Definitivamente eres un buen jaujino,un buen hijo,y de seguro un papá
    tus relatos me llevan imaginariamene a mi querida tierra y la los brazos de mi viejita linda y tiene sus mismas costumbres.
    sigue escribiendo . Felicitaciones.

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  9. Javier ,te escribe una vieja amiga, me enternece lo que cuentas de tu mami, a mi tambien se me hacia dificil expresar mis sentimientos a mis seres queridos, pero bien vale la pena hacer el esfuerzo por que eso da muchas satisfaciones, sobre todo, por que tu madre es una bella persona, Ahora que soy madre se lo hermoso que es escuchar que un hijo te diga cuanto te ama es mi mejor alisiente para seguir adelante.
    Te deseo muchos exitos.

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  10. Hernan Lopez14/5/12 21:55

    Hola Macko te escibo desde los EE.UU mi nombre es Hernan Lopez solo para felicitarte por este maravilloso reportaje que escribiste por el dia de la madre. Por un momento senti que estabas comentando mi historia. Cuidate mucho y suerte en todo lo que hagas.

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    1. Hola Hernan, gracias por tu comentario y felicitación. El amor que tiene una madre se repite en cada familia con sus hijos, capas por eso nuestras historias se asemejan. Igual, te deseo mucha felicidad para ti.

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  11. Creo que es una historia que refleja la vivencia de todo jaujino,te felicito.

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  12. Es un relato precioso,con muchas vivencias que muchos jauinos y jaujinas revivimos en cada parrafo de tu historia ,te felicito por ser un buen hijo y no lo dudo un gran hombre de bien como muchos paisanos nuestros ahora profesionales que son el orgullo de muchas mamitas jaujinas,te anímo que sigas escribiendo y deleintandonos con tus relatos.Un abrazo desde la madre patria.

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    1. Gracias por sus comentarios, de verdad eso anima a seguir escribiendo y administrando este blog.

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  13. ROSARIO GARCIA22/5/12 9:17

    ME ENCANTO TU RELATO. YO CREO QUE TODOS TENEMOS UN SENTIMIENTO MUY ESPECIAL POR ESE SER QUE NOS DIO LA VIDA, GRACIAS A ELLA ESTAMOS DONDE ESTAMOS Y POR ELLA SEGUIMOS ADELANTE. A VECES PASA QUE NO PODEMOS EXPRESARLE NUESTRO SENTIMIENTOS CON PALABRAS SINO CON ACCIONES. ME HICISTE REVIVIR EPOCAS MUY BONITAS DE MI JAUJA QUERIDA.
    FELICITACIONES Y SIGUE ADELANTE.

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  14. ROGER TISZA POSADAS31/5/12 9:15

    TODOS LOS JAUJINOS QUE SALIMOS DE NUESTRA TIERRA TENEMOS UNA HISTORIA SIMILIAR, DUELE HABER DEJADO A NUESTRA TIERRA Y PADRES, PERO LA VIDA ES ASÍ Y EN RECOMPENSA AHORA MUCHOS DE NOSOTROS ESTAN TRIUNFANDO EN LA VIDA. AHORA QUE ESTAMOS LEJOS DE NUESTRA QUERIDA JAUJA SOLO NOS QUEDA RECORDARLA CON CARIÑO.

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  15. Siempre que puedo leo tus relatos, me gusta mucho la forma de expresar tus emociones y sentimientos (al natural). Y creo que tu madre debe de estar orgullosa por tener un hijo como tu. Yo tengo 3 hijos que siempre serán mis niños porque para una madre los hijos nunca crecen, pero el recibir un abrazo y un te amo es una agregado mas (regocija mi espíritu)el cual me motiva la vida, por eso no te reprimas siempre dile a tu Mamita que la amas la harás muy feliz.

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    1. Hola Zoila, gracias por tus palabras y entiendo lo que sientes cuando recibes el cariño de tus hijos. Voy a seguir tu consejo para hacerla mas feliz a mi mamá.

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