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Jauja, donde pagan a los hombres por dormir, fustigan a los hombres que insisten en trabajar, los árboles son de tocino y sus hojas de pan de fino. Las calles están adoquinadas con yemas de huevo y lonjas de tocino, asadas y fritas...

26 de noviembre de 2014

El saxo en los andes centrales

Por: Pochi Marambio
Sería fantástico que así como hay prismas que dividen la luz blanca en sus siete colores componentes, hubiera algún objeto -también simple- capaz de separar o refractar por ejemplo, el inconfundible y poderoso sonido de una banda de folklore de la sierra central peruana. Podríamos así percibir el abanico de timbres de sus nueve o diez saxofones más el arpa y el violín que lo complementan.

Pero sí existen órganos capaces de reconocer y separar esos distintos timbres, son los oídos de unos pocos músicos y melómanos muy bien entrenados o ya dotados para ello de nacimiento. Así como nuestros ojos pueden distinguir cada instrumento de una sección de vientos o cuerdas, o cada boca de un coro, los oídos de ellos pueden distinguir el sonido de cada instrumento o de cada voz en esas secciones.

Y es también posible para cualquier persona experimentar algo similar, sólo movilizándose un poco.

Si una banda de músicos desfila frente a ti, puedes ir distinguiendo o reconociendo el sonido de cada instrumento conforme va pasando cerca de ti. Más divertido que experimentar aquello quedándote quieto como observador es participar desplazándote o danzando con o en contra de esa marcha para disfrutar de las diferencias de timbre de cada instrumento como de su fusión con los otros.

Por ejemplo, vas a una boda en un pueblo huanca, donde eres siempre bienvenido aunque no hayas sido invitado. Te ubicas temprano en la calle de la casa de la novia. Allí empieza el evento. La orquesta y el grupo de danza contratados van entrando en calor con algunas tonadas y bailes. Mientras lo hacen tú te desplazas a lo largo de sus filas y disfrutas del sonido de cada instrumento, aprecias diseños y colores de cada traje y observas cada paso de baile. Cuando sale la novia de su casa, el cortejo nupcial y tú la acompañan danzando por callejas del pueblo hasta la casa del novio. Allí espera él también con sus grupos de danza y música en acción.

Mientras la pareja de novios se junta, coquetea, compite y se complementa luciendo la gracia de sus movimientos y sus brillantes trajes, las orquestas y grupos de danza se enfrentan en un aparente duelo de habilidades, pero en realidad se ayudan, se turnan para recuperar el aliento a más de tres mil metros de altura y mantienen el movimiento continuo del ritual.

En las quebradas y en el propio Valle el Mantaro las vibraciones de esos saxos resuenan como cantos o clamores de muchedumbre. Tal vez sea la forma cónica, angosta en la boquilla y amplia en la campana de salida, la que da al saxo ese timbre peculiar similar al de la voz humana en todo su registro, tan dramático como sensual.

Cuenta una de las leyendas sobre el origen de la afición por los saxofones en la sierra central del Perú, que en un accidente de carreteras un trabajador de minas extranjero acabó con la vida de un niño de la zona y no tenía dinero para cubrir los costos de la tragedia. El hombre sacó de una maleta un saxofón ofreciéndolo como pago. Por suerte el entonces tan extraño instrumento musical pudo ser vendido a uno de los destacados clarinetistas de la zona.

Y sucedió que en muy poco tiempo el nuevo dueño del instrumento logró la característica vibración dramática del saxo y le dio tal difusión que todos los demás músicos encargaban sus saxos a tiendas de Lima o viajaban allá para comprarlos. Así el saxo superó rápidamente en preferencias a su predecesor el clarinete en esta región, como había sucedido en New Orleans y en muchas otras regiones musicales del mundo. Y estamos a sólo dos siglos del nacimiento del belga Adolphe Sax, su inventor.

Podemos decir que la Nación Huanca o el País de Jauja son verdaderas regiones musicales porque allí en toda celebración o conmemoración tocan por turnos dos orquestas, sea bautizo, aniversario, boda o funeral, sin importar para nada el nivel económico de sus anfitriones.
Fuente: lucidez.pe

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